miércoles, marzo 15, 2006


Primer post, un cuento que escribi hace un año +-. Cuando vuelvo a leer cosas que escribi me estremezco y digo: “yo escribi esta basura??”. Es natural, dado que uno esta sometido a un aprendizaje constante (mas a esta edad, aunque todos sabemos que el diablo mas sabe por viejo q por diablo), el que uno no advierte de una manera cotidiana, pero si por ejemplo en este caso.
Nunca lo termine, en el sentido de que esta muy verde, no es que no tiene final. A ver q les parece...




La señorita Lacard (dedicado a Carla)


I
Facundo en una tarde de verano. Tirado en su cama y rodeado de un pequeño universo comprendido por objetos sin valor ni utilidad, ropa sucia y sus apuntes del colegio desperdigados por todos lados. La música sonaba en su cuarto como era costumbre y esta lo acompañaba en esos largos estados en los que indagaba acerca de la vida y del mundo que lo rodeaba. Su mirada se perdía en alguna grieta del techo o simplemente sus ojos se cerraban para dar comienzo a un viaje fantástico a trabes de recuerdos y anhelos, de verdades inexorables y de posibilidades futuras. Sin embargo, un asunto en particular lo mantenía ocupado por ese entonces. Era Sofía Lacard, una compañera del colegio. Facundo la conoció en primer año, cuando entró a ese establecimiento.
A pesar de que habían pasado un año juntos en la misma división, él no se había interesado en Sofía. Más aun, nadie estaba al tanto de la vida de esa chica porque era muy introvertida. En primer año se sentaba sola en el ultimo banco de la fila del medio. Su soledad no cambió en segundo año, pero paso a ubicarse en un banco al lado de la ventana que daba a la calle. Sus compañeros la miraban en los recreos, cuando ella contemplaba los árboles de la calle, llenos de verdor y luminosidad en verano. Parecía abstraída y nadie sabia lo que pensaba en esos momentos. Ponía su mano derecha en su mejilla y en un gesto pensativo pasaba así todo el día. Se hacían las más estúpidas suposiciones de su intimidad y se comentaban todo tipo de cosas, que ella no desmentía ni afirmaba. Las demás chicas del curso se burlaban al comienzo, pero como vieron que Sofía no era tocada por sus insultos, desistieron.
Así fue como esta intrigante persona pasó a formar parte del mobiliario escolar y nadie volvió a prestarle mucha atención.
Entonces ¿Por qué a Facundo lo asechaba esa imagen? Él no sabía la respuesta. No conocía mucho acerca de ella, habían hablado unas pocas veces y apenas recordaba su apellido, por lo que trato de no prestarle atención.

II
Comenzó la semana y el despertador a las inexactas 6:30 horas. Facundo se levanto de mala gana, fue al baño y se lavó la cara poblada de lagañas, desayuno té con obleas, agarró la mochila y salió a la calle. Caminando hacia la parada del colectivo vio un árbol que era movido por la brisa matutina, notó sus hojas, tocadas por los rayos del sol que asomaba entre los edificios de su barrio, e inmediatamente pensó en Sofía. Pensó que ese día ella iba a estar en su banco mirando a través del cristal un exterior que le era ajeno durante las horas de clases. Ya en el ómnibus se le ocurrió sentarse con ella para averiguar porque tenia esos pensamientos.

_Che ¿a donde vas?-pregunto Sebastián, su compañero de banco.
_Me voy a sentar con Sofi –respondió con una sonrisa
_Dale, no jodas y vení para acá.
_Ya te dije que me voy a sentar con la señorita Lacard –le indicó con una sonrisa aun mayor.
_Hace lo que quieras –replico sin interés Sebastián.

Así Facu –como le decían sus amigos- se acercó al banco de su compañera y le pregunto: “¿Te molesta si me siento con vos?” Ella respondió con un movimiento de hombros, sin darle importancia a las palabras que había escuchado. Voy a tomar eso como un no – dijo Facu con vos dulce y risueña, tratando de quitarle una sonrisa a la chica. No contestó-.
La mañana pasó, los profesores dieron sus clases y lo único que hizo Facundo fue esperar una palabra de Sofía, tan solo una. Toda la mañana permaneció callada y cuando el sol alcanzó su ponto más alto en el firmamento, así como llegó, se fue: sola. Al salir del colegio los compañeros le preguntaron a Facu si se había vuelto loco, lo cargaron y de paso le dieron unos coscorrones. Él se los sacó de encima y se fue preocupado por lo que había hecho y además porque ahora Sofía estaba más presente que nunca en sus pensamientos.
Durante toda la semana se repitió esa situación, pero en Sofía no se notaba ningún cambio. Para ella era lo mismo estar sola que tener a alguien al lado. Simplemente no se interesaba en su entorno ni en la vida de los demás.
El viernes hizo su aparición, y al igual que los demás días, Facundo se sentó junto al objeto de sus pensamientos.
Estuvo muy atento en las primeras horas porque la profesora de física estaba explicando un tema muy complicado de sistemas hidráulicos. Mientras tomaba apunte, deslizó la mirada hacia la hoja de su compañera y noto algo que lo perturbo muchísimo. En la muñeca izquierda ella tenía una cicatriz. De inmediato pensó que había tratado de suicidarse. La miró a los ojos por unos segundos, intentando descifrar los pensamientos que la atormentaban. Su cara no mostraba ninguna estado de animo, no transmitía absolutamente ninguna sensación. Era como un cofre pirata hundido en el fondo del océano, esperando ser descubierto para mostrar todos sus tesoros.
Facundo aguardó que salieran del colegio para conversar. Cuando la vio, se precipito hacia Sofía, la tomo de la mano y le dijo solemnemente: “Tenemos que hablar”. Sin agregar más, fueron caminando hasta un parque cercano en el que encontraron un banco y se sentaron.
Sofía no había dicho una sola palabra y en ningún momento se opuso. Ya en reposo, Facundo volvió a mirarla y no pudo evitar sonrojarse porque estaba examinando a una persona hermosa. Sus ojos brillaban turbiamente, sus labios eran una delgada línea en su rostro de tez pálida y su pelo negro caía naturalmente sobre sus hombros. Estaba tan maravillado por la belleza de la chica, que cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se sonrojo aun más y disimuló aquella inspección. Rápidamente simuló admirar la estatua de Ártemis que tenían enfrente, pero no pudo, porque seguía pensando en Sofía.
Continuaban tomados de la mano, sentados, explorando el paisaje que el jardín les presentaba. Pastos totalmente verdes, arbustos y enredaderas que crecían en base a caprichosos diseños, árboles que cubrían el cielo con sus copas y sus flores, caminos sin fin forrados de pequeñas piedras rojizas y frente a ellos, la imagen de Ártemis. Así estuvieron durante un largo rato, sin decirse una palabra, hasta que finalmente Sofía quebró el silencio reinante.
_Tengo que irme
De inmediato, se paró, soltó la mano del joven y comenzó desandar el camino que juntos habían recorrido. Facundo vio como ella se alejaba hasta que la perdió de vista. Su mirada volvió a nublarse y quedo sentado en el banco, indagando lo ocurrido. La noche lo sorprendió todavía en el parque y volviendo en si decidió caminar hasta su casa para aquietar su mente.

III
Sábado. Facundo no podía conciliar en sueño. No lograba determinar lo que había pasado esa tarde ¿qué buscaba esa chica, por que se fue de esa manera o por que no le había dicho nada en toda la semana? De todas maneras lo que más le preocupaba era aquel corte que tenia en la muñeca ¿Acaso realmente habría querido suicidarse o era simplemente una lastimadura casual? Él no estaba seguro, aunque podía recordar su rostro, su mirada fría y desahuciada, pero por sobre todo, la forma en la que Sofía percibía el mundo. Era como si ella conociese su futuro y estuviese resignada a aceptarlo. A aceptar un final caótico y apocalíptico, sin posibilidad de encontrar la felicidad en el universo entero.
Habiendo indagado profundamente determinó que la herida no era una casualidad. Definitivamente no lo era. De modo que imagino toda clase de motivos por los que una chica de 15 años querría quitarse la vida. Esa noche, Facundo terminó durmiéndose a las seis de la mañana, exhausto y abrumado.
El domingo, la figura de su compañera volvió a surgir durante todo el día, más profundamente en la noche, donde se añadió otra complicación: a la mañana siguiente ellos volverían a verse. Echa esta determinación, Facundo deseó más que nada en su vida que esas veinticuatro horas pasasen rápido.

IV
Lunes otra ves. Facundo no pudo dormir en toda la noche, de modo que decidió salir muy temprano de su casa e ir caminando hasta el colegio, que quedaba a cuarenta cuadras. Todavía era de noche y la ciudad estaba desierta. Por esas horas se escuchaba el canto de los pájaros, invisibles detrás del follaje de los árboles citadinos.
Habiendo hecho la mitad del recorrido, noto que llegaría antes de que las puertas del colegio abriesen así que entró en una bar para esperar la hora de entrada.
Tomó asiento en la barra y pidió un café doble con medialunas. Bebió el café de tres sorbos y luego comió las facturas. Miró el reloj: faltaba una hora para que sonara el timbre de entrada.
Una rara sensación lo invadió. Creyó haber tomado una taza de somnífero y no de café. Sus ojos, lentamente se nublaron e instintivamente apoyo la cabeza sobre el mostrador donde quedó dormido.
Al despertarse sintió la cara hinchada y el brazo derecho adormecido. Se refregó los ojos, levantó la vista y vio que eran las ocho menos cuarto. Terminó de incorporarse y, desperezándose, salió del local y completó la caminata hasta el colegio.
Al entrar al aula notó que nadie había llegado. Se dirigió al banco de Sofía y lo inspeccionó detenidamente. No encontró nada en particular, el pupitre estaba completamente limpio. Luego reflexionó y dedujo algo lógico. Ella no expresaba absolutamente nada acerca de su personalidad ni sus sentimientos. Fue un paso más allá y busco alguna pertenencia abajo del banco. Nada.
Realizó una vista panorámica del aula y al dar media vuelta la cara de Sofía estaba a diez centímetros de la suya. Dio un salto hacia atrás y para no perder el equilibrio se sujetó del escritorio. Sus piernas temblaban y su expresión de miedo era comparable con la de alguien a punto de ser fusilado. Sintió que caía desde una torre infinitamente alta, invadido por el vértigo y las ganas de gritar hasta quedar sin aliento.
El tiempo se detuvo, el silencio fue absoluto y las paredes se vinieron abajo. Sofía mantuvo su inexpresividad, de tal modo que su cara se derritió y se transformó en una película de piel, carente de órganos. En ese estado continuó mirando a Facundo, como si de algún modo disfrutase la grotesca escena. Los dos entraron en un universo paralelo donde la cuarta dimensión no existía. Así, pasaron pocos segundos en nuestra realidad, pero nadie sabe cuanto tiempo en aquella parte del cosmos.
Pero como si nada hubiese ocurrido, las paredes se levantaron, el rostro de Sofía volvió a la normalidad y Facundo sintió la mano de la joven acariciándole la mejilla.
_Me gustó mucho lo que hicimos el viernes.
Aun confundido, el chico no supo que responder. Las primeras palabras que moduló fueron incomprensibles. Intentó nuevamente y pudo manifestar con otra pregunta: “¿Qué haces acá?
_No es algo que importe. Quería hacerte una broma.
_Me asustaste muchísimo, no te esperaba.
_Ese es el punto, que no me esperabas.
_Bueno, no fue muy gracioso te digo. Además vos no podes hacer bromas, apenas y hablas.
_Tenés razón, estaba por apuñalarte pero me descubriste, así que invente esto de la broma.
_¡Che, basta! ¿Queres decirme porque hiciste esto?
Facundo seguía nervioso y no comprendía la situación.
_Me gusta asustar a la gente. La mayoría cree que una persona tímida es como un árbol, que no siente ni piensa, ni tiene ideas. Eso es una estupidez –dijo ofuscada-. De todas maneras sé que no todos son así -y en ese momento miró a Facundo-. Acaso no te parecen maravillosos los árboles, como los que están ahí afuera- y le señaló con la mano izquierda la ventana-.
Facu no pudo ignorar el gesto, pero no reparó en los árboles, sino en la muñeca de Sofía.
_Decime ¿Qué te paso en la muñeca?
_¿Que, lo decís por la herida? Me corté lavando los platos.
_A sí, yo soy el Papa.
_¿No me crees? ¿Pensaste que me quise suicidar? –replicó sin reflexionar.
El muchacho miró al piso avergonzado por la idea y en vos baja y frágil respondió que si. La chica se sorprendió y comenzó a cavilar-.
_No voy a negar que tuve esas ideas. Es más ¿Quien no las tiene? Es algo incluido en la naturaleza, propio del ser humano – su voz sonó seria y reflexiva-.
Sofía se detuvo y mirando los árboles le preguntó: “¿Conoces a Max Cohen?”
_No. Bah, no sé. Me suena.
_Es escritor –le aclaró Sofía.
_Si, puede ser. Creo que tengo un libro suyo. ¿Por que me lo preguntas?
_Él escribió un ensayo sobre... esto. Se llama “El escape divino”. Si lo encontrás leelo, a mí me gustó mucho.
_Ok, lo voy a tener en cuenta.
En ese momento sonó el timbre del colegio y sus compañeros comenzaron a entrar al salón.
Durante la mañana Facundo notó que Sofía conversaba con él de manera natural y alegre. Era como si otra persona estuviese sentada a su lado. Fue un cambio repentino, pero Facu le restó importancia, y de muy buen talante habló con Sofía durante toda la mañana.



El escape divino


La existencia, la vida. Es simplemente una cuestión genética.
La conciencia. Simplemente una cuestión genética.
Irremediablemente en cierto punto uno se hace una pregunta vital. Los genes dan una respuesta pero esta choca con la del pensamiento. Vivimos buscando la felicidad, que cada tanto encontramos y es eso lo que nos mantiene en la vía.
O acaso uno no esta rodeado de un mundo hostil, plagado de sufrimientos, de tristeza, de injusticia. Vasta abrir los ojos para comprobarlo. Ante la facilidad de caer en desgracia no hacemos otra cosa mas que buscar una sonrisa, aunque sea pasajera y superficial. La auténtica felicidad, la que cambia nuestra percepción de la realidad, la que representa la verdad de la vida se esconde en algún rincón del mundo.
No es algo material, no es un lugar, ni tampoco un lapso de tiempo. Ese algo es una persona, la que buscamos todos los días, incansablemente. Encontrar ese individuo que camina por las calles de Buenos Aires con el alma a la mitad y que encaja exactamente con la nuestra; eso se llama felicidad.
Esa es la vida. Todo lo demás se desprende de esa necesidad. Uno estudia, trabaja, aprende a tocar la guitarra, con el único propósito de encontrar esa persona. Toda actividad es una extensión de esa búsqueda tan placentera llamada vida.
Si la indagación no tiene fin uno piensa en abandonarla. Escapar de la realidad es una manera sencilla pero no es la verdadera solución. La única manera de terminar el sufrimiento es dándole vacaciones al corazón.
En ese instante terrible en el que se ha tocado fondo todo parece fácil. Nacemos solos, vivimos solos y morimos solos. Viajamos en un túnel transparente, desde donde observamos a los demás, pero dos túneles nunca se cruzan: corren paralelos infinitamente aunque solo un centímetro los separe.
Escapar del túnel significa morir, renunciar a los placeres y las desgracias que encierra. Significa viajar sin destino seguro dentro de un vació infinito, comparable al mismo universo pero desolado.
Internarnos en la nada nos asegura la misma búsqueda constante, pero con la posibilidad de encontrar verdaderamente aquella persona.
Mucho se habla de la muerte, pero son todas suposiciones. No hay manera de revertir aquel camino. Es un cambio de estado, de lo físico y real a lo majestuoso y etéreo. De allí no hay manera de regresar y ese es el temor.
Los actos irreversibles dan miedo porque habiendo cometido un error uno tendrá que convivir con ello por siempre. La clave del suicidio esta en creer que es lo mejor, lo correcto. De esa manera el sacrificio seria feliz.
Sin embargo, uno no busca esa verdad, sino que en determinado punto llega sola. En ciertas oportunidades el suicidio seria lo correcto, ineludible.
Quemarse sin la orden divina sería un desliz. Hasta que esta no llegue se debe seguir, no importa cuan grande sea la ola que quiera hundir nuestro barco. Renunciar a esa pelea seria una cobardía. Vivir es un acto egoísta que todos disfrutamos, y así debe ser.
Vivir o morir no es lo importante. Lo que vale son las huellas que tu sombra ha de dejar en el camino.

Max Cohen.



V
A pesar de su aparente felicidad, su carisma y su buen humor diario, Facundo se sentía hastiado, la felicidad no le pertenecía. Odiaba a sus padres, principalmente a su madre. Odiaba a la sociedad y al mundo que lo rodeaba. Los aborrecía.
Consideraba a la tierra como un tacho de residuos y la población, los gusanos que allí viven. Cada tanto, dios tira sus restos de comida y los gusanos deben pelearse y hacer cualquier cosa para conseguir su porción de basura. ¡Basura, nada mas! Los manjares y delicias son imposibles de alcanzar para las sanguijuelas, o mejor dicho, para los seres humanos.
Quería terminar con todo eso, con su sufrimiento, con su infortunio y con su odio hacia los demás.

El sol asomó en el horizonte pero poco a poco la mañana se fue nublando y la resplandeciente estrella no volvió a aparecer en todo el día. El otoño había llegado. Las hojas comenzaron a secarse, los días se acortaron y la temperatura descendió sensiblemente. Ese martes, al salir del colegio Facundo le propuso a Sofi ir al parque. Ella aceptó.
Al llegar, fueron directamente al banco frente a la estatua de Ártemis y se sentaron. El cielo no estaba azul como aquella vez, sino que grandes nubarrones obscuros lo cubrían, formando una película grisácea uniforme. La lluvia era inminente.
_Hoy no es un lindo día, esta por llover –dijo Sofía mirando el cielo y moviendo la cabeza de un lado a otro.
_Quiero hablarte de algo... la muerte, el suicidio –expresó detenidamente-. Me di cuenta de que mi vida está totalmente vacía, no soy nada. No tengo más que problemas y lo único que encuentro a cada paso es un futuro negro sin sentido.
Los ojos del muchacho se habían perdido entre los matorrales del parque. Su vos se mostraba sincera y sus pensamientos ordenados. Luego de una pausa continuó: “¿Vos no pasaste por algo similar? ¿No me dijiste que pensaste en esta idea? ¡La vida es una mierda, estoy cansado de sufrir!” En ese momento la vehemencia lo poseyó y decidió contenerse. Se llevó ambas manos a la cabeza y clavó su mirada en el suelo. “A nadie le gusta sufrir”. Esta ves su vos sonó frágil, invadida por la ira y los nervios. “Quiero ahorrarme ese dolor”.
Pasó un minuto de entero silencio. Facundo seguía mirando el pasto verde. Sofía estaba sentada a su lado, meditabunda. En ningún momento miró a Facu pero lo escuchó muy atentamente.
_¡No podes decir algo! ¡Por que te quedas callada y ni siquiera me miras! –Ahora la furia era canalizada a trabes de Sofía. Ella, sin intención de satisfacer a Facundo, le preguntó: “¿Qué pensas hacer?”
_No sé. No sé.
_¿Leíste “El escape divino”? –preguntó la chica.
_No, ni lo busque. Para que querés que lo lea.
_¿Acaso crees que la vida no tiene momentos felices? Estas seg...
_ No soy capaz de contarte algo bueno que me halla pasado en los últimos 3 meses –interrumpió Facundo empecinado-.
_Yo si puedo decirte.
Ambos alzaron la cabeza en un acto sincronizado. Sofía rodeó a Facundo entre sus brazos y lo besó dulcemente. El muchacho correspondió las caricias y la abrazó a punto de llorar.
_ Sofi, yo soy una basura. Perdoname.
De inmediato se levantó y salió corriendo. La lluvia, comenzó a caer.

VI

A trabes de la claraboya se veía un árbol, sus hojas verdes y su continuo vaivén, contrastando con el azul del cielo. Desde el árbol, se lo veía a Facundo.
Y el corte.
Su sangre corrió hasta la rejilla y por las cloacas se fueron sus inocentes 16, junto con la basura y miles de gusanos, alimentados por la basura de los gusanos, alimentados por dios.
Inaugurando blog! Bueno, la cosa es asi: digamos q soy aficionado a la escritura, lo hago en mi tiempo libre, asiq lo que pretendo hacer es publicar mis escritos o simplemente comentarios que quiera expresar a traves de este medio. Lógicamente el lector no debe esperar mas que errores de sintaxis, ideas mal expresadas y generalmente robadas :-). De todas maneras, el pensamiento funciona de esa manera, uno incorpora ciertos conocimientos los cuales inconcientemente son mesclasdos formando una idea propia del mundo. De modo que no se puede esperar de mi una idea innovadora o una teoria para revolucionar el mundo, en principio porque a esos pensamientos uno debe agregarle su toque personal, lo que se consigue simplemente con talento, el que yo no poseo.
Pues bien, no hace falta agregar mas nada, esto era simplemente un disclaimer. Espero que alguien se sienta identificado o por lo menos disfrute de este Blog.