lunes, septiembre 08, 2008



Mi amor, ya volví.


En la ciudades ocurren desgracias a cada minuto. En realidad, ocurren infinidad de cosas, entre ellas las desgracias, como la siguiente. Si tomamos en cuenta la situación, no es nada de otro mundo. Una trabajador cansado, volviendo a su casa en el automóvil. La lluvia entorpece la visibilidad, pero él quiere llegar rápido porque ese día se cumplen 5 años junto a su esposa. De hecho, mientras conduce imagina toda la situación al llegar. Estaciona el auto, toma el ramo de flores que compró a la mañana y golpea la puerta, escondiendo el ramo. Ella se asoma por la mirilla, lo ve a él mojado, con una rosa en el bolsillo. Es una imagen graciosa, porque la mirilla lo hace ver frentón, con el agua escurriendo por su pelo. Él se ríe, mientras lo imagina, y a la vez imagina que ella también se reirá. La puerta se abre y ella lo recibe con un beso y un abrazo. Le da las flores y ella las huele, sonríe y vuelve a abrazarlo, a llenarlo de besos. Luego, él cierra la puerta. ¡Plum! Y el auto que ya se estrelló en el puente.

_¿Por que viene a buscar a las personas de esta manera?
_Es mi trabajo, simplemente.
_Eso es entendible, pero ¿quien es capaz de contratar vuestro servicio?
_Me temo que no puedo revelarle esa información. Solo podré decirle que algunos lo llaman, Dios, otros Destino, etc. Pero nadie puede saber que es en realidad.
_De todas maneras, permítame decirle que es un trabajo un tanto extravagante.
_En eso tiene usted razón. Estoy fuera del tiempo y espacio, no tengo descanso ni salario. Tampoco lo necesito en realidad, pero me parece bien su acotación.
_Entonces está conforme.
_En realidad, es indistinto. Algo paradójico, porque seguramente usted, así como todas las personas, se encuentran en una situación similar a la mía. Cuando no se tiene elección posible, da lo mismo estar contento o disgustado con lo que uno hace. No hay forma de cambiarlo, por ende debemos resignarnos a esa tarea que nos ha sido designada. Es algo degradante, pero bueno ¡es por eso que yo existo!
_Si no entendí mal, usted propone la aceptación lisa y llana de la existencia, sin cuestionarla en lo mas mínimo.
_Exacto. No veo por que complicarse con cuestiones como el Big-Bang, la teología, el existencialismo y todo eso que el hombre ha creado para justificar el deseo, el sexo, y la voluptuosidad que lleva en las venas.
_Bueno, pero sin eso seriamos poco mas que piedras o insectos. Gracias a que nosotros podemos razonar, crear, conjeturar, imaginar y ambicionar, nos diferenciamos de los demás animales.
_Es correcto. ¿Pero es algo deseable acaso? Se lo pregunto porque usted no tiene mucha cara de feliz. Es más, podría apostarle su alma a que simplemente se ha cruzado con ese sentimiento en contadas ocasiones.
_Mire, no me gustaría hacer una apuesta de esa clase con usted precisamente...pero aun así, lo que dice es verdad.
_Pues bien, entonces ¿cual es el beneficio de esa supuesta mente superior? Porque estamos ante el mundo dominado por los seres humanos, y realmente es escalofriante lo que han logrado. Guerras, contaminación, desigualdad, pobreza, hambre, individualismo salvaje...hasta los peces, que no tienen un gramo de cerebro, son capaces de trabajar por el bien de la especie, en conjunto. Dígame cual es la razón por la cual el hombre, ser pensante (en algunos casos es difícil probarlo) puede ser capaz de semejantes atrocidades.
_Yo creo que usted esta en mejores condiciones que yo para responder a esa pregunta.
_Es posible. Pero no se vaya a creer, porque en el mundo pasa igual. Hay quienes vivieron mas cosas que otros. Cuando se conjuga eso con la inteligencia, surgen razonamientos bastante interesantes. Así que, simplemente considere que yo viví algo más que usted. No por nada se dice que el Diablo más sabe por viejo que por Diablo, ¡Je!
_Bueno, si quiere yo le voy a dar mi punto de vista.
Yo creo que todos estamos en este mundo para luchar, intentando encontrar algún momento de felicidad. Incluso si ese momento es ínfimo, efímero, e irrepetible, vale la pena sufrir una vida para gozar ese instante. Ese hecho demuestra que nuestro nacimiento valió la pena, no hay otra cosa en la vida. Porque evidentemente, después de la vida todo termina...al menos que yo sepa.
_Veo que me esta guiñando el ojo, pero insisto. Me es imposible hablarle sobre algo semejante. Si usted gusta puede llamarme en cualquier momento de manera "legal", y allí le revelare todos esos interrogantes. Supongo que usted mañana tiene que ir a trabajar, para no dejar a sus hijos morir de hambre y angustia, así que no estaría bien interrumpir aquí su camino.
_Verdaderamente. Creo que si uno existe y no se deja morir es gracias a los demás A las personas que tenemos cerca, a nuestros afectos, que siempre nos acompañan, los que se preocupan por nosotros, con quienes compartimos los mas hermosos momentos, aquella felicidad de la que le hablaba anteriormente. No existe esa felicidad más que en los demás El dinero no hace feliz a nadie, la fama tampoco, el reconocimiento menos...solo los seres que amamos nos hacen felices. Y si hablamos de paradojas, fíjese que esos seres especiales son a los que más hacemos sufrir con nuestras acciones...
_Disculpe que lo interrumpa, pero es evidente más que paradójico Un puñal no atraviesa a quien tiene puesta una armadura, sino a quienes se muestran desnudos y sinceros frente a usted.
_Tiene usted razón en eso. Pero bueno, lo que quería expresar era que ellos nos dan todo sin pedir nada y viceversa. Amar a otra persona es algo volutivo, por mas que a los poetas les guste decir que es algo fuera del control personal. ¿Porque nos enamoramos de la persona X y no de Y? Es cierto que buscamos ciertas características particulares, las cuales pensamos que irán bien con nosotros. Pero al enamorarnos lo hacemos sin conocer en nada a la persona en cuestión Entonces, se deduce que lo estamos eligiendo, volcamos nuestra fe en una persona ciegamente...y ese es el primer acto de amor, y el mas valorable. Es ahí cuando uno esta quitándose la armadura de la que usted hablaba. En ese momento, uno elige quedar desprotegido ante cualquier ataque del mundo, frente al ser amado. Es entendible que sea tan difícil dar ese paso, fundamental para toda relación amorosa. Pero lamentablemente, el puñal siempre termina entrando en nuestra carne. Peor todavía, es el corazón el que termina siendo atravesado por la desdicha, el desengaño, la traición, la muerte...
_¡Ahí empiezo a jugar yo! ¿Le parece acertado someterse a todas esas calamidades? Usted mismo me lo esta diciendo, el puñal siempre hiere.
_Es que precisamente, uno es infeliz a causa de quedar expuesto. Pero también ese es el motivo de la felicidad, haber encontrado alguien con quien poder estar sin ninguna mascara, sin tener que protegerse, ser libre en cuerpo y espíritu. Yo no se porque, pero siempre terminamos perdiendo la lucha, esa que nos incita a ver sangre, a matar. Porque tenemos un blanco indefenso en frente nuestro, el cual nos llama muchas veces a herirlo, atacarlo, destruirlo. Está en la mente humana, la naturaleza no es perfecta, y el hombre busca estar en equilibrio con la naturaleza. Entonces eso que es perfecto por un tiempo no puede quedar así, tiene que ser destruido de la manera mas violenta y aberrante.
_Muy interesante, pero sigo sin entender la gracia de todo eso. amarse, herirse, amarse, herirse...un desengaño tras otro, la gente no aprende según parece.
_Ese otro de los motores de la vida, la esperanza, la fe. Nadie es ateo, en el sentido estricto de la palabra. Yo por ejemplo, no creo en Dios, pero si creo en la gente, y quienes están más cerca mio son mis deidades. Entrego mi alma a esas personas, así como otros le rezan a la Virgen. Pero dejando de lado los ejemplos, es verdad que creer en algo esta en todas las personas. Quien no cree no vive, simplemente. Cuando a al ser humano se le quita la posibilidad de soñar y luchar por un ideal, este muere por dentro, y de seguir siendo así, el cuerpo también dice basta ¿No es verdad, usted que sabe?
_Absolutamente. No podría asegurarle que existe un alma, pero la mente se nutre de muchas vivencias, de sueños y fundamentalmente, de relaciones con las demás personas. Esta en la mismísima biblia. Fíjese que Adán esta solo en el paraíso, pero su existencia no estaría completa sin Eva. Es decir, el concepto de hombre parte de la relación Adán-Eva, Eva-Adán, e intrínsecamente, se definen todas las penurias que esta relación trae aparejada. En definitiva, son echados del paraíso porque ya no son perfectos, puros, sino que esa relación los ha transformado de una manera siniestra. De todas formas, no nos olvidemos que de haber existido solo Adán, el hombre seria perfecto...pero a la vez no seria nada, solo un muñeco del Creador.
_Si si, lo entiendo. Verdaderamente no tendría mucha gracia la existencia si las cosas fueran así. El hombre es muy poderoso, pero los sentimientos mas obscuros y atroces lo dominan, El Mal. Y si usted cree en Dios, también debe creer en la existencia del Diablo ¿no es así?
_Yo nunca le he dicho eso. La biblia es un texto antiquísimo, creado por el hombre sin duda. Y es allí donde él mismo refleja esta idea de lazo destructivo del que le hablaba. Es decir, hace miles de años el hombre tiene conciencia de como destruye su vida al relacionarse con los demás
_Y también como sostiene su vida, porque tan o más importante en aquel texto es Jesús
_Lamentablemente yo no veo muchos Jesúses hoy en día ¿usted?
_Bueno, tampoco me venga con esos plantéos. Hay muchas personas que se sacrifican por los demás en este mundo.
_¡Ja! Se sacrifican por los demás para alimentar su ego. En definitiva lo hacen por el bien personal, no el ajeno.
_No me diga cosa semejante. Esos mártires desconocidos tienen la fe puesta en el hombre, creen que la única manera de salir de la miseria mundial es a través de esos actos, la solidaridad, el compañerismo, la lealtad, la franqueza. Y definitivamente, es la única solución. Ya ve que el individualismo nos hunde cada día más.
_Es correcto, la mayoría, cuando yo llego, se arrepienten completamente de la forma que han vivido. Y creo que es un arrepentimiento sincero, pero...es muy fácil arrepentirse cuando ya no se esta vivo, ¡je!
_Es que en ese momento la gente toma conciencia del mal que le hicieron a los demás, incluso a sus seres más queridos. Entonces, usted los alcanza y no tienen tiempo de redimirse, ni siquiera de pedir perdón
_Es posible. Diría que eso define a las pequeñas personas. Dejar pasar el tiempo y no actuar, creyendo que otro día tendrán una mejor ocasión para cambiar ciertas cosas. Eso es simplemente un mecanismo interno para no enfrentarse con los problemas, esquivarlos o menospreciarlos. Cuando todo termina, ellos realizan que no pudieron hacer nada de lo que venían postergando. Por ende, han muerto como personas aborrecibles. En cambio, quien es capás de luchar contra si mismo, esta construyendo su destino de una manera magnifica y gratificante. Todo se paga al final, y ahí en las ultimas horas, es cuando se hace el balance. Esas personas cobardes siempre quedan debiendo. Y la deuda es con los demás, no hacia ellos, porque todo lo han hecho pensando en su propio bienestar.
_Sigue sin responderme si cree usted.
_Creer es un termino equivoco. Yo tengo certezas, en mi condición eso no es ningún dilema.
_Si, comprendo. Ahora, ¿no siente culpa usted, por las pobres personas a las que les toca tal suerte? Jóvenes con sueños, con toda una vida por delante para hacerlos realidad, bebes que esperan dar sus primeros pasos, anciano con miles de anécdotas y enseñanzas, padres que anhelan ver crecer a sus hijos...
_Podría comparar mi profesión con la de un cirujano. Este debe desenpeñarse a la perfección, aun estando bajo la presión de saber que la vida del paciente esta en sus manos. ¡No puede impresionarse con un chorro de sangre, o un hueso completamente astillado. que ha atravesado la piel del desgraciado! Lo mismo para mi...de hecho también tengo la vida de la persona en mis manos, ¡je!
_¿Como se puede ser tan cínico? ¡Quien se cree para hacer cosa semejante!
_Entienda señor mio, la muerte es la ausencia de vida. ¿No ha notado cuan agradable es tirarse a tomar sol un frío día de invierno?
_Si, pero no veo a que viene eso.
_Precisamente es el frío lo que caracteriza al calor como agradable. Así también, es la muerte la que caracteriza de hermosa a la vida. Todo acaba en la muerte, el tiempo se detiene de manera definitiva. Más todavía, el tiempo desaparece...todo desaparece. Porque toda acción del hombre se da en vida.
Entonces, que sus padres mueran no es mas que un recordatorio de que usted también va a morir. Es una forma de invierno, el cual nos muestra la tristeza, la soledad, el vacío, la nada. Es una señal, una advertencia. Le estoy diciendo "¡Viva, honre lo único que se tiene en este mundo antes de que sea tarde!". Lamentablemente, es como todo. Durante un tiempo, las personas toman conciencia de eso, pero luego se acostumbran, lo olvidan. Vuelven a caer en la misma rutina de siempre, no disfrutan los pequeños momentos de alegría, no valoran los verdaderos afectos, no se conmueven, no buscan cambiar...caen en la rutina, la peor que puede haber. ¡Rutina de vivir! Olvidan que en unos años van a morir, y que ya no podrán realizar todos esos proyectos que tenían en mente. Así, como quien olvida sacar la basura a la noche, ¡je!
_Es terrible lo que me esta contando. No solo por el contenido, sino porque es verídico. Yo mismo sé que caigo en ese estilo de vida, si es que puede llamarse así
_No se preocupe, usted no es el único
_¡Eso que me importa! Que a los demás le pase no quiere decir que yo tengo que resignarme.
_Disculpeme, tiene razón De hecho, es otra manera fácil de evitar los problemas. Pensar que como es lo normal, esta bien, o al menos, no esta mal. "Si todo el mundo roba, yo voy a robar" dice el idiota, el mediocre.
_Esa es la palabra perfecta, mediocridad.
_Mire, usted me cae bien, ¿Quiere que le tire un norte?
_Por supuesto ¿Como decirle que no?.
_Ya que hablábamos antes de las relaciones personales, Adán, Eva... Usted estará de acuerdo conmigo que lo más fuerte que existe en ese sentido es el amor, ¿Verdad?
_Correcto.
_Pues bien, fijes que es casi imposible que una pareja continúe amándose a lo largo del tiempo ¿Tiene idea del motivo?
_Verdaderamente, lo ignoro.
_Es algo natural lo que ocurre. Las personas se terminan aburriendo de la relación. Mejor dicho, se aburren los unos a los otros. Se vuelve una rutina, como describíamos antes. Haga lo que se haga, por mas novedoso que sea, va a ser con la misma persona. Ahí reside el inconveniente...
_Ya sé, usted es partidario de la poligamia. O simplemente, cambiar de pareja cuando ya no nos divierte.
_¿Podría pedirle que no me interrumpa, o al menos que no saque conclusiones a las apuradas?
_Excuseme, es que realmente es un tema muy interesante, me pongo ansioso.
_Claro que lo entiendo. Como le decía, el lío esta en que uno siempre se relaciona con la misma persona. Todo se hace predecible, falto de emoción, de deseo, de gracia. Pero ¿Quien dijo que debemos ser las mismas personas toda la vida? Todo el mundo se la pasa diciendo que hay que ser fieles a lo que uno es, no cambiar los valores o las ideas nunca, porque eso es como una especie de traición hacia uno mismo y hacia los demás Verdaderamente, esas palabras dan miedo. Fíjese, en ese contexto la evolución del hombre es imposible. Le puedo asegurar que quienes son capaces de cambiar, mudar de ideas y gustos se transforman con el tiempo en grandes personas. La historia avala mis dichos, con personalidades que no me hace falta enumerar.
El problema radica en que todo cambio siempre lleva una cuota de suspicacia, de creer que se esta dando un paso en falso. El miedo al cambio, es natural, pasamos a algo desconocido, ajeno, sin saber si nos gustará al fin de cuentas. Sin embargo, es la única forma de avanzar, la prueba y el error.
Todo esto viene a cuento de lo que le hablaba recién Si uno fluctúa constantemente, buscando siempre nuevos horizontes, es imposible que alguien se aburra de nosotros, porque estamos cambiando continuamente.
_Perdone que lo interrumpa, pero aun sin quererlo uno va cambiando por efecto de las cosas que nos tocan vivir, la vida nos cambia sin que lo percibamos inclusive.
_No, se equivoca. Eso no entra bajo el paradigma que yo expongo. Para ser más precisos, eso es simplemente la adaptación de todo ser humano a su ambiente. El instinto de supervivencia nos adapta de una manera fantástica, dependiendo de nuestra coyuntura, sin que lo persivamos. Pero yo no hablo de eso, sino de cambios impulsados por la propia voluntad para mejorar, no quedarnos con lo que tenemos. El listón siempre puede subirse su uno lo desea, y esa es la idea que trato que entienda.
_Si, ahora comprendo. Pero hay un inconveniente. Si uno cambia demasiado, quisas deje de interesarse por la persona que antes le parecía adecuada para uno. O al contrario.
_¡Amigo, ahí esta el riesgo! Pero tengo por seguro que es lo más efectivo. Usted alcanza la felicidad, verdadera y absoluta con una persona, o se abre camino intentando encontrar alguien diferente. Pero nunca se estanca, continua creciendo, que es lo importante. Cuanto más se pueda entender del mundo, más posibilidades tiene el hombre de ser feliz. No se crea que la ignorancia lo va a salvar, porque eso es volver a la idea del menor esfuerzo. Y a esta altura del partido, usted bien sabe que lo que no cuesta no tiene ningún valor.
_Si, realmente esa es otra idea instalada en la gente mediocre. Pensar que no hay que pensar, que no vale la pena, que es un gasto de tiempo porque al final no se logra nada...
_Una sociedad tan acelerada no invita a la gente a detenerse y cuestionase ciertas verdades. Se tiene que aceptar todo, de manera automática. Eso es muy conveniente para ciertas sectores, quienes casualmente tienen acumulado todo el poder.
_Mmm, ahora que me lo pregunto: ¿como estoy hablando con usted?
_Lamentablemente tengo que confesarle algo...
_¡No! No me diga que...
_Si. La única forma de hablar conmigo es estando al borde de la muerte.
_¿Pero ni me dí cuenta, como sucedió? Además, usted no quiso confiarme ciertas cosas con el pretexto de que yo no estaba muerto todavía
_Eso es verdad, todavía no hemos partido hacia ningún lado. Digamos que estamos en una sala de espera, conversando amigablemente.
_¿Y que es lo que esperamos entonces?
_Su decisión. Todo esta en el espíritu, mas allá de que el cuerpo deba acompañarlo. ¿Que piensa que son acaso, las personas que quedan en estado vegetativo, o en coma? Son quienes se rehúsan a que yo los lleve, pero su cuerpo ya no responde a sus ordenes. Entonces, queda su alma luchando contra...mi. Soy paciente, de hecho no fuerzo a nadie. Pero soy el único que sabe abrir esa puerta, la que conduce al mas allá. Cuando la persona lo desea, allí debo estar, con la llave en la mano (y no una guadaña como se cree, ¡Je!).
¡Que se haga su voluntad!

Doce horas después, recobró el sentido. Al abrir los ojos, las luces lo lastiman. Está adormecido, pero aun así comprende su situación. Intenta moverse, simplemente por reflejo, pero el dolor lo detiene. No es algo puntual, es todo su cuerpo que grita sin hacerlo. Huele a sangre. Nuevamente abre los ojos, intentando ver algo mas que siluetas. Y aun estando en tinieblas, él la reconoce. Ella se acerca, lo examina detenidamente, buscando las palabras apropiadas para tranquilizarlo. Pero antes de decir nada, una voz cavernosa, un chillido apenas audible, susurra: "Ya volví. Feliz aniversario, mi amor".


Lauti


jueves, agosto 21, 2008


Mejor no recordar
tantas lunas sin abrigo
tantos dias sin camino
perdicion por las noches
negacion en el alba.
Elixir del olvido
fuego inextinguible,
ahí, en la garganta...

lunes, agosto 11, 2008


Vuelta.

Finalmente, he vuelto a escribir. Son dos pequeñas poesias, aqui va la primera.


Noches

Eterno es el día que hoy se fue
al quedar en la memoria,
arbitraria, cezgada, taciturna.
¡Que no daría en la vida
por invertir aquella flecha!
El llanto se torna risa
los ojos recobran su brillo
el mar calidece y nos llama,
nos engaña una vez mas.

Cada tanto, esos recuerdos nos azotan
vienen del mas allá, sin vida
mutilados, irguiendose como zombies.
Nos asustan, nos entristecen
nos contradicen, nos pelean.
Después, nos dejan en paz.
Pero es solo un tregua, nada mas.
Nos muestran un anzuelo, nos engañan,
esperan que tomemos esa bocanada de aire
que esbocemos una sonrisa...
y ahí vuelven, impiadosos,
como todas las noches.

martes, febrero 12, 2008


Turn off your mind, relax and float down stream
It is not dying, it is not dying
Lay down al thoughts, surrender to the void
It is shining, it is shining
That you may see the meaning of within
It is speaking, it is speaking
That love is all and love is everyone
It is knowing, it is knowing
When ignorance and haste may mourn the dead
It is believing, it is believing
But listen to the colour of your dreams
It is not living, it is not living
Or play the game existence to the end
Of the beginning, of the beginning

Of the beginning, of the beginning.

martes, diciembre 12, 2006


Llego el fin de año, y al hacer un balance del blog, la verdad q me pongo contento. Ideas, historias y poesia se mezclaron y lograron nutrir este espacio. La repercusion fue lo que más me sorprendio, porque el 95% de las firmas son de personas que leyeron lo publicado y se interesaron. Eso es algo muy valioso, y a los lectores de este blog se los agradesco, todo el afecto en las firmas y los elogios.

En estas vacaciones que comienzan, teniendo tanto tiempo libre, los invito a agarrar los libros y sumerjirse en ese mundo maravilloso que se crea simplemente con nuestra imaginacion. Disfruten de leer, porque la lectura los recompenzará por eso.
Titulos que pretendo encarar este verano, y que sujiero que no dejen de leer:

Cien años de soledad - G.G. Marquez.
Abbadon el exterminador - E. Sabato (relectura)
Vathek - Williams Becford
El jugador - F. Dostoievsky
Y asi, por el estilo

En cuanto a mi, sinceramente, no tengo ninguna idea para comenzar otro escrito...pero ya aparecera! Asique, paciencia nomas.

Los convido con un discurso de Isaac Asimov acerca de la lectura. Es arto interesante, y lo que dice es pura verdad. Para refleccionar un rato.

Saludos a todos y Joyeux Fêtes!



Lo Antiguo Y Lo Definitivo
Isaac Asimov



Hace unas tres semanas (en el momento de escribir esto) asistí a un seminario en un lugar al norte del Estado de Nueva York, un seminario sobre las comunicaciones y la sociedad. Yo no tenía mucho que hacer, pero estuve allí cuatro días, así que tuve la oportunidad de enterarme de las actividades que se estaban desarrollando1.
La primera noche asistí a una conferencia excepcionalmente buena dictada por un caballero extraordinariamente inteligente y encantador, que trabaja en el campo de las cintas de vídeo. Con argumentos atractivos, y en mi opinión irrefutable, afirmó que las cintas de vídeo representaban la tendencia del futuro en el campo de las comunicaciones, o al menos una de las tendencias.
Señaló que los programas comerciales destinados a cubrir los tremendos gastos de las cadenas de televisión y de los terriblemente ávidos anunciantes no tenían más remedio que atraer a audiencias de decenas de millones de espectadores.
Como todos sabemos, los únicos programas que tienen alguna posibilidad de agradar a entre veinticinco y cincuenta millones de personas son los que evitan cuidadosamente la posibilidad de ofender a nadie. Cualquier cosa que pudiera darles un poco de sabor o de variedad ofendería a alguien y se habría perdido la partida.
Así que sólo sobreviven las papillas insípidas, no porque sean especialmente agradables, sino porque tienen buen cuidado de no resultar desagradables para nadie. (Bueno, a algunas personas, como a usted y a mí, por ejemplo, nos desagradan, pero cuando los magnates de la publicidad contabilizan el número de ustedes y yo es, y de gente como nosotros, el resultado final les provoca desdeñosas carcajadas).
Pero las cintas de vídeo, capaces de complacer a los paladares más peculiares, sólo venden contenido, y no tienen por qué enmascararlo con un barniz falso y costoso o con la presencia de alguna renombrada estrella del espectáculo. Si se lanza una cinta sobre estrategias de ajedrez con símbolos de las piezas de ajedrez moviéndose sobre un tablero, no es necesario añadir nada más para vender un número x de copias a un número, x de fanáticos del ajedrez. Si cada cinta se vende a un precio que cubra los gastos de su edición (más un honrado margen de beneficios), y si el número de ventas está de acuerdo con lo calculado, entonces todo va bien. Es posible que alguna cinta venda menos de lo previsto, pero también es posible que otra venda mucho más de lo que se esperaba.
Para abreviar, el negocio de las cintas de vídeo sería bastante parecido al de las editoriales.
El orador expuso este punto con toda claridad, y cuando dijo: «El manuscrito del futuro no será un fajo de papeles torpemente mecanografiados, sino una secuencia de imágenes hábilmente fotografiada», no pude evitar removerme inquieto en mi silla.
Es posible que al moverme llamara la atención sobre mi persona, ya que estaba sentado en la primera fila, porque el orador añadió acto seguido: «Y los hombres como Isaac Asimov se quedarán anticuados y serán sustituidos por otros. »
Como es natural, di un brinco, y todo el mundo se rió alegremente ante la ocurrencia de que yo pudiera quedarme anticuado y fuera reemplazado por otro.
Dos días más tarde el orador que iba a hablar aquella tarde llamó desde Londres para comunicar que le era imposible salir de la ciudad, así que la encantadora dama que dirigía el seminario vino a verme y me pidió dulcemente que lo sustituyera.
Como es natural, dije que no tenía nada preparado, y como es natural ella dijo que todo el mundo sabía que no necesitaba prepararme para dar una conferencia maravillosa, y como es natural, me ablandé ante los cumplidos, y como es natural aquella tarde me levanté y como es natural di una conferencia maravillosa2. Todo fue muy natural.
Me resulta imposible contarles qué es lo que dije exactamente, porque, como todas mis charlas, fue improvisada; pero, por lo que recuerdo, en esencia era algo así:
Como hacía dos días que un orador nos había hablado de las cintas de vídeo, presentándonos la fascinante y deslumbrante imagen de un futuro en el que las cintas de vídeo y los satélites dominarían el panorama de las comunicaciones, yo me disponía a servirme de mis conocimientos de ciencia-ficción para explorar un futuro aún más lejano y hablaría de cómo podrían fabricarse cintas de vídeo con métodos mejores y más refinados, haciéndolas aún más sofisticadas.
En primer lugar, el orador nos había mostrado que las cintas tenían que ser decodificadas por un aparato bastante caro y voluminoso, que transmitía las imágenes a una pantalla de televisión y el sonido a un altavoz.
Evidentemente, todo el mundo esperaría que este equipo auxiliar fuera haciéndose más pequeño, más ligero y transportable. En el fondo, lo que se esperaría es que acabara por desaparecer y que se integrara a la misma cinta.
En segundo lugar, para que la información contenida en la cinta se transforme en imágenes y sonido es necesario un gasto de energía que redunda en perjuicio del medio ambiente. (Como cualquier gasto de energía; aunque su uso es inevitable, hay que evitar utilizarla más de lo estrictamente necesario).
Por consiguiente, es razonable esperar que disminuya la cantidad de energía necesaria para decodificar las cintas.
En último término, esperaríamos que disminuyera tanto como para llegar a desaparecer por completo.
Por tanto, podemos imaginarnos una cinta que fuera completamente transportable y autónoma. Sería necesario emplear energía en su fabricación, pero no en su utilización, y tampoco sería necesario un equipo especial para su uso posterior. No sería necesario enchufarla en la pared ni cambiarle las pilas, y podría ser transportada para ser vista en el lugar en que cada uno encontrara más cómodo: en la cama, en el cuarto de baño, en un árbol o en el ático.
Una cinta de vídeo de estas características produce sonidos, como es natural, y también desprende luz. Evidentemente su usuario debe recibir con claridad las imágenes y el sonido, pero sería un inconveniente que molestara a otras personas que posiblemente no estarían interesadas en su contenido. Idealmente, esta cinta autónoma y transportable sólo tendría que ser vista y oída por el usuario.
Por muy sofisticadas que sean las cintas existentes en la actualidad en el mercado o previstas para un futuro próximo, siempre tienen necesidad de controles. Tiene que haber una palanca o un interruptor para encenderlas y apagarlas, y otros para controlar el color, el volumen, el brillo, el contraste y todas esas cosas. Mi idea es que esos controles pudieran ser manejados, en la medida de lo posible, por la voluntad.
Me imagino una cinta que deje de correr en el momento en que se aparte la mirada. Permanece parada hasta que se le vuelve a prestar atención, momento en el cual vuelve a ponerse en marcha inmediatamente. Me imagino una cinta que corre más deprisa o más despacio, hacia adelante o hacia airas, a saltos o con repeticiones, dependiendo únicamente de la voluntad del usuario.
Admitirán ustedes que una cinta de estas características constituye un perfecto sueño futurista: autónoma, transportable, sin consumo de energía, absolutamente privada y controlada en gran medida por la voluntad.
Ah, pero soñar no cuesta nada, así que seamos prácticos. ¿Es posible la existencia de una cinta así? Mi respuesta es: sí, naturalmente.
La siguiente pregunta es: ¿cuántos años habrá que esperar antes de conseguir una cinta tan increíblemente perfecta?
También tengo respuesta para eso, y una respuesta bastante concreta. La conseguiremos dentro de menos de cinco mil años, porque lo que acabo de describir (como es posible que hayan adivinado), ¡es el libro!

¿Estoy haciendo trampas? ¿Acaso usted opina, amable lector, que el libro no es la cinta más refinada posible, ya que sólo ofrece palabras y no imágenes, que las palabras sin imágenes son un tanto unidimensionales y están divorciadas de la realidad, que es imposible que las palabras por sí solas nos transmitan información relativa a un universo que se manifiesta en imágenes?
Bien, vamos a considerar la cuestión. ¿La imagen es más importante que la palabra?
No cabe duda de que si sólo tenemos en cuenta las actividades puramente físicas del hombre, el sentido de la vista es con diferencia la manera más importante que tenemos de reunir información sobre el Universo. Si me dieran a elegir entre correr por un terreno escabroso con los ojos vendados y un sentido del oído muy agudo o con los ojos abiertos y sin poder oír nada, sin ninguna duda preferiría utilizar los ojos. De hecho, si tuviera los ojos cerrados, pondría la máxima atención en cualquier movimiento que realizara.
Pero el hombre inventó la palabra durante las primeras fases de su desarrollo. Aprendió a modular el aliento al espirar, y a utilizar distintas modulaciones del sonido como símbolos establecidos de objetos materiales y de diferentes acciones y -lo que es mucho más importante- de conceptos abstractos.
Por último, aprendió a codificar los sonidos modulados en señales visibles que podían ser traducidas mentalmente a sus sonidos correspondientes.
Un libro, no es necesario que lo diga, es un dispositivo que contiene lo que podríamos llamar un «discurso almacenado».
El lenguaje constituye la diferencia fundamental entre el hombre y los demás animales (excepto quizás el delfín, que posiblemente haya desarrollado un lenguaje, pero no un sistema para almacenarlo).
El lenguaje y la capacidad potencial de almacenarlo no sólo distinguen al hombre del resto de las especies vivas ahora o en el pasado; además es algo que todos los hombres tienen en común. Todos los grupos conocidos de seres humanos, por muy «primitivos» que sean, saben hablar y utilizar un lenguaje. He oído decir que algunos pueblos «primitivos» utilizan lenguajes muy complejos y sofisticados.
Lo que es más, todos los seres humanos con una mentalidad incluso inferior a la normal aprenden a hablar a una edad temprana.
Como el lenguaje es el atributo universal de todo el género humano, ocurre que nos llega más información, en nuestra calidad de animales sociales, a través del lenguaje que a través de las imágenes.
Y no estoy hablando de cantidades ni siquiera similares. El lenguaje y las formas de almacenarlo (la palabra escrita o impresa) constituyen la fuente abrumadoramente mayoritaria de la información que obtenemos, hasta tal punto que sin ella estaríamos indefensos.
Para poner un ejemplo, pensemos en un programa de televisión, normalmente compuesto de imágenes y lenguaje, y vamos a preguntarnos qué ocurre cuando prescindimos de aquéllas o de éste.
Supongamos que oscurecemos la imagen y dejamos puesto el sonido. ¿No seguiremos teniendo una idea bastante aproximada de lo que está ocurriendo? Es posible que en algunos momentos haya mucha acción y poco sonido, dejándonos frustrados ante la pantalla oscura y en silencio, pero si se supiera por anticipado que no se iba a ver la imagen, sería posible añadir algunos comentarios, y nos enteraríamos de todo.
De hecho, la radio está basada únicamente en el sonido; se servía del lenguaje y de «efectos sonoros». Es decir, en algunos momentos el diálogo se servía de artificios para compensar la falta de imágenes: «Ahí viene Harry. Oh, no ha visto el plátano. Oh, ha pisado el plátano. Ahí va. » Pero, por lo general, no era difícil enterarse. No creo que ningún oyente de la radio echara realmente de menos la falta de imágenes.
Pero volvamos a la televisión. Quitemos ahora el sonido y dejemos la imagen intacta: perfectamente enfocada y a todo color. ¿Qué es lo que sacamos en limpio? Muy poco. Ni todas las expresiones de emoción de los rostros, ni todos los gestos apasionados, ni todos los trucos de la cámara, dirigiéndose aquí y allá, son capaces de transmitirnos más que una vaga idea de lo que está ocurriendo.
Además de la radio, que utilizaba únicamente el lenguaje y sonidos diversos, estaban las películas mudas, que eran sólo imágenes. Los actores de estas películas, que no disponían del sonido ni del lenguaje, tenían que «emocionar». Oh, los ojos relampagueantes; oh, las manos que se llevaban a la garganta, que se agitaban en el aire, que se alzaban al cielo; oh, los dedos que apuntaban confiadamente hacia el cielo, o firmemente hacia el suelo, o airadamente hacia la puerta; oh, la cámara que se acercaba para enseñarnos la piel de plátano en el suelo, el as en la manga, la mosca en la nariz. Y, con todos los recursos de la inventiva visual en sus manifestaciones más exageradas, ¿qué es lo que ocurría cada quince segundos? La acción se detenía por completo y aparecían unas palabras en la pantalla.
Esto no quiere decir que no sea posible comunicarse, en cierto modo, sirviéndose únicamente de los recursos visuales: utilizando imágenes pictóricas. Un mimo hábil como Marcel Marceau o Charlie Chaplin o Red Skelton es capaz de hacer maravillas; pero la razón de que les observemos y aplaudamos es precisamente que sean capaces de comunicar tanto sirviéndose únicamente de imágenes.
De hecho, nos divertimos jugando a las charadas, intentando que otras personas adivinen una frase sencilla que nosotros «representarnos». No sería un juego tan popular si no exigiera mucho ingenio, y aun así, los jugadores idean series de señales y estratagemas que (lo sepan o no) se sirven de los mecanismos del lenguaje.
Dividen las palabras en sílabas, indican si una palabra es larga o corta, utilizan sinónimos y sonidos similares. Al hacerlo, están sirviéndose de imágenes visuales para hablar.
Sin valerse de ningún truco relacionado con alguna propiedad del lenguaje, sirviéndose únicamente de los gestos y las acciones, ¿serían ustedes capaces de comunicar una frase tan sencilla como «Ayer hubo un atardecer muy bonito, rosa y verde»?
Claro que ustedes podrían objetar que una cámara de cine puede fotografiar una hermosa puesta de sol. Pero para ello es necesario invertir una gran cantidad de tecnología, y no estoy seguro de que eso les informara de que la puesta de sol fue así ayer (a menos que la película truque el calendario, que también es una forma de lenguaje).
O piensen en esto: las obras de Shakespeare fueron escritas para ser representadas. La imagen era parte esencial de ellas. Para apreciar todo su sabor, hay que ver a los actores y observar sus acciones. ¿Cuánto dejarían de entender si asisten a una representación de Hamlet y cierran los ojos, concentrándose únicamente en escuchar? ¿Cuánto dejarían de entender si se tapan los oídos y se concentran únicamente en mirar?

Una vez que he expuesto claramente mi creencia de que un libro, formado por palabras y no por imágenes, no pierde demasiado por esta falta de imágenes y, por tanto, es más que razonable considerarlo como una variante tremendamente sofisticada de una cinta de vídeo, voy a cambiar de terreno y a servirme de un argumento aún mejor.
Un libro no carece de imágenes en absoluto: tiene imágenes. Lo que es más, imágenes mucho mejores -al ser personales- que cualquiera de las que la televisión podría ofrecernos jamás.
¿Acaso no acuden imágenes a su mente cuando está leyendo un libro interesante?
¿Acaso no ven mentalmente todo lo que está ocurriendo?
Esas imágenes son suyas. Le pertenecen a usted y sólo a usted, y son infinitamente mejores para usted que aquellas que otros le presentan sin que se lo pida.
Una vez vi a Gene Kelly en Los tres mosqueteros (la única versión que he visto que se mantiene razonablemente fiel al libro). La pelea de espadachines entre D'Artagnan, Athos, Porthos y Aramís, por un lado, y los cinco hombres de la guardia del cardenal, por el otro, que ocurre casi al principio de la película, era verdaderamente maravillosa. Por supuesto, se trataba de un baile, y disfruté muchísimo con él... Pero Gene Kelly, por mucho talento de bailarín que tenga, no encaja en la imagen de D'Artagnan que yo tengo en la cabeza, y durante toda la película me sentí a disgusto porque violentaba «mi» visión de Los tres mosqueteros.
Esto no quiere decir que, en ocasiones, no resulte que un actor encaja exactamente con nuestra propia visión. Resulta que para mí Sherlock Holmes es precisamente Basil Rathbone. Pero es posible que para usted Sherlock Holmes no sea Basil Rathbone; podría ser Dustin Hoffman. ¿Por qué tendrían todos nuestros millones de Sherlock Holmes que encajar en un único Basil Rathbone?
Ya ven, por tanto, por qué un programa de televisión, por maravilloso que sea, nunca podrá proporcionar tanto placer, ser tan absorbente y ocupar un lugar tan importante en la vida de la imaginación como un libro. Para ver el programa de televisión sólo tenemos que poner la mente en blanco y sentarnos apáticamente mientras nos dejamos invadir por el despliegue de imágenes y sonidos, sin que nuestra imaginación intervenga para nada. Si hay otras personas viéndolo, también se dejan llenar hasta arriba exactamente de la misma manera, todas ellas, y con exactamente las mismas imágenes sonoras.
En cambio, el libro exige la colaboración del lector. Insiste en que tome parte en el proceso.
Al hacerlo, nos ofrece una interrelación de la que el lector dispone a su gusto según sus necesidades, que se ajusta exactamente a sus características y a su idiosincrasia. Cuando leemos un libro, creamos nuestras propias imágenes, los sonidos de las diferentes voces, los gestos, las expresiones y emociones. Creamos todo excepto las mismas palabras. Y si la creación nos produce algún placer, el libro nos ha dado algo que el programa de televisión es incapaz de darnos.
Además, si diez mil personas leen el mismo libro al mismo tiempo, no obstante cada una de ellas crea sus propias imágenes, sus propias voces, sus propios gestos, expresiones y emociones. No será un solo libro, sino diez mil libros. No será obra exclusivamente de su autor, sino el producto de la interacción del autor con cada uno de los lectores por separado.
Por tanto, ¿qué es lo que podría sustituir al libro? Admito que el libro puede sufrir alteraciones en algunos aspectos secundarios. Hubo una época en que se escribía a mano; ahora se imprime. La tecnología de la publicación de libros impresos ha progresado de mil maneras, y es posible que en el futuro los libros puedan visualizarse electrónicamente en la pantalla de televisión de nuestras casas.
Pero en último término, nos encontraremos a solas con la palabra impresa, y ¿qué podría sustituirla?
¿No estaré tomando mis deseos por realidades? ¿No será que como me gano la vida con los libros no quiero aceptar el hecho de que los libros puedan ser reemplazados por otra cosa? ¿Me estaré limitando a inventar argumentos ingeniosos para consolarme?
Nada de eso. Estoy seguro de que los libros no serán sustituidos en el futuro, porque no lo han sido en el pasado. Desde luego, hay muchos más espectadores de televisión que lectores de libros, pero esto no es ninguna novedad. Los libros siempre han sido una actividad minoritaria. Había muy poca gente que leyera antes de la televisión y antes de la radio y antes de cualquier cosa que se les pueda ocurrir.
Como he dicho, los libros son absorbentes y exigen una cierta actividad creativa por parte del lector. No todo el mundo, en realidad muy pocas personas, están dispuestas a dar lo que éstos requieren, así que no leen ni leerán. No renuncian a ello porque el libro les decepcione de algún modo, sino por naturaleza.
La verdad es que me gustaría insistir en que leer es difícil, excesivamente difícil. No es como hablar, algo que hasta los niños que no tienen una inteligencia normal aprenden sin necesidad de un programa de enseñanza consciente. Basta con el impulso de imitación que se manifiesta a partir del primer año.
Por el contrario, leer requiere un cuidadoso aprendizaje que pocas veces tiene éxito.
El problema es que nos engañamos a nosotros mismos con nuestro concepto de lo que es saber leer y escribir. Casi todo el mundo puede aprender (si lo intenta con bastante interés y durante el tiempo suficiente) a leer las señales de tráfico y comprender las instrucciones y los avisos y carteles, y a descifrar los titulares de los periódicos. Siempre que el mensaje impreso sea corto y razonablemente sencillo y que la motivación para leerlo sea grande, casi todo el mundo sabe leer.
Y si esto es saber leer, entonces casi todos los norteamericanos saben leer. Pero si luego nos preguntamos por la razón por la que tan pocos norteamericanos leen libros (parece ser que el norteamericano medio que ha completado los estudios primarios no lee ni siquiera un libro al año), nos estamos engañando con nuestra interpretación de lo que es saber leer.
Pocas personas de las que saben leer, en el sentido de ser capaces de leer un cartel de PROHIBIDO FUMAR, llegan a familiarizarse con la palabra impresa y a realizar con facilidad el proceso de decodificar rápidamente las pequeñas y complicadas formas que representan sonidos modulados hasta el punto de estar dispuestos a emprender una lectura prolongada, como, por ejemplo, la de abrirse camino por un marasmo de mil palabras consecutivas.
No creo que esto se deba únicamente a un fallo de nuestro sistema educativo (aunque Dios sabe que es un fallo). No es de esperar que si, por ejemplo, se enseña a todos los niños a jugar al béisbol, todos ellos lleguen a ser jugadores de béisbol de primera clase, o que todos los niños que aprenden a tocar el piano se conviertan en pianistas de talento. En casi todos los campos del esfuerzo humano aceptamos la idea de que es necesaria la existencia de un cierto talento que puede ser alentado y desarrollado, pero que no es posible crear de la nada.
Bueno, en mi opinión la lectura también es un talento. Se trata de una actividad muy difícil. Permítanme que les cuente cómo la descubrí.
De adolescente leía de vez en cuando revistas de historietas, y mi personaje preferido, si les interesa saberlo, era Scrooge McDuck. En aquella época las revistas de historietas costaban diez centavos, pero por supuesto yo las leía gratis porque las cogía del quiosco de mi padre. Aunque siempre me asombraba de que alguien pudiera ser tan tonto como para pagar diez centavos cuando bastaba con hojear la revista en el quiosco durante un par de minutos para leérsela entera.
Después ocurrió que un día iba a la Universidad de Columbia en el metro; estaba agarrado a mi correa en un vagón atestado de gente y no tenía nada a mano para leer. Afortunadamente, la chica que iba sentada frente a mí estaba leyendo una revista de historietas. Era mejor que nada, así que me coloqué de manera que pudiera ver las páginas y leerlas al mismo tiempo que ella. (Afortunadamente, puedo leer al revés con tanta facilidad como al derecho).
Pasaron algunos segundos y pensé: ¿por qué no le da la vuelta a la página?
Por fin, lo hizo. Tardaba varios minutos en acabar cada doble página, y mientras estaba observando sus ojos que iban de una viñeta a la siguiente y sus labios que murmuraban cuidadosamente cada palabra, tuve una súbita revelación.
Estaba haciendo lo que yo haría si estuviera descifrando palabras inglesas escritas en caracteres hebreos, griegos o cirílicos. Como no conozco estos alfabetos más que por encima, primero tendría que reconocer cada letra, recordar su sonido, luego unirlas y después reconocer la palabra. Luego tendría que pasar a la siguiente palabra y hacer lo mismo. Después de haber descifrado varias palabras de este modo, tendría que volver atrás e intentar combinarlas. Pueden apostar a que en esas circunstancias yo leería bien poco. La única razón de que lea es que cuando miro una línea impresa inmediatamente veo las palabras ya formadas.
Y la diferencia entre el lector y el no-lector se va haciendo cada vez mayor con el paso de los años. Cuanto más lee un lector, más información va acumulando, más amplía su vocabulario y más se va familiarizando con las diversas alusiones literarias. Cada vez le resulta más fácil y más divertido leer, mientras que al no-lector cada vez le resulta más difícil y menos gratificante.
El resultado es que hay, y que siempre ha habido (sea cual sea el supuesto nivel cultural de una sociedad determinada) lectores y no-lectores; aquéllos constituyen una pequeña minoría de, supongo, menos del uno por ciento.
He calculado que unos cuatrocientos mil norteamericanos han leído alguno de mis libros (de una población de doscientos millones), y yo soy considerado, y yo mismo me considero, un autor de éxito. Si se vendieran dos millones de ejemplares de un libro determinado en todas las ediciones estadounidenses, seria un notable éxito de ventas, y esto sólo significaría que un uno por ciento de la población de los Estados Unidos se habría animado a comprarlo. Además, estoy seguro de que al menos la mitad de los compradores no conseguirían hacer otra cosa que recorrerlo a trompicones para encontrar los pasajes subidos de tono.
Estas personas, estos no-lectores, estos receptores pasivos de entretenimiento, son terriblemente volubles. Pasan de una cosa a otra, buscando continuamente algún dispositivo que les dé el máximo posible y les exija el mínimo esfuerzo.
De los juglares a los actores de teatro, del teatro a las películas, de las películas mudas a las sonoras, del blanco y negro al color, del tocadiscos a la radio y de nuevo al tocadiscos, de las películas a la televisión y luego a la televisión en color y luego a las cintas de vídeo. ¿Qué importa?
Pero mientras tanto esa minoría de menos del uno por ciento se mantiene fiel a los libros. Sólo la palabra impresa puede exigirles tanto, sólo la palabra impresa puede obligarles a mostrarse creativos, sólo la palabra impresa puede adaptarse a sus deseos y necesidades, sólo la palabra impresa puede darles lo que no podría darles ninguna otra cosa.
Puede que el libro sea un invento antiguo, pero también es definitivo y nada convencerá a los lectores de que lo abandonen. Se mantendrán como minoría, pero se mantendrán.
Así que, a pesar de lo que dijo mi amigo en su conferencia sobre las cintas de vídeo, los autores de libros no se quedarán nunca pasados de moda ni serán sustituidos. Puede que escribir no sea una buena manera de hacerse rico (¡oh, bueno, y qué importa el dinero!), pero siempre existirá como profesión.



NOTA

En ciertos aspectos, éste ha resultado ser el artículo que más éxito ha tenido. Se ha reeditado más a menudo que ningún otro, y hasta se han llegado a publicar frases escogidas en marcadores para libros, distribuidos gratis por las bibliotecas.
Por supuesto, hay quien ha dicho que al defender el libro obraba en interés propio, que estaba intentando fomentar el consumo de aquello mediante lo cual me gano modestamente la vida.
Si es así, estoy demostrando que soy terriblemente poco eficaz. Si lo único que me preocupara fuera hacerme rico, no intentaría hacerlo pregonando las excelencias de los libros en un sesudo artículo. Escribiría novelas llenas de sexo, violencia y perversión. Así me iría mucho mejor. O me iría a California a escribir guiones, jugar al tenis y bañarme en la piscina. Así también me iría mucho mejor.
El hecho de que no haga esas cosas y que siga escribiendo mis artículos aquí, en Nueva York, puede ser una señal de que efectivamente me gustan los libros por sí mismos, y de que me parece que tienen que ser leídos en beneficio del lector mucho más que en beneficio del autor.

miércoles, agosto 23, 2006


Esta poesía se desprende de la primera ya posteada. En un comienzo, las dos ideas se mezclaban, pero después decidí separarlas y trabajarlas aparte. Este es el resultado.
Mi musa inspiradora vuelve a ser la misma, una persona, un ser maravilloso que vino a cambiar mi vida de una manera impensada. Lo único que trato en estas poesías es fusionar un arte, tal como la literatura, y los sentimientos particulares que son generados al estar con esa persona.
Mi corazón fue dictándome las palabras mas representativas, que al final, forman una idea bastante bonita.
De las dos, esta es mi favorita.




Una vez tuve un sueño
en el que el mundo era distinto
el sol brillaba mas de lo habitual
y sus rayos brindaban cálidas caricias.
Halle las flores mas hermosas que nunca;
el cantar de los pájaros
y las hojas de los arboles
al ser movidas por el viento,
creaban un sonido majestuoso
que invadía todo ser viviente
y lo llenaba de paz.
Fue un sueño adorable
pero llegado su fin, desperté.
Al abrir los ojos, lo primero que vi fue el cielo azul
y acostado en el pasto
sentí una cálida caricia en el rostro.
¡Eras vos! Y al mirarte, te note mas hermosa que nunca
susurraste unas palabras, y aquel sonido majestuoso
me invadió y, me lleno de paz...
Esta vez creo que no es un sueño
lo que siento al mirarte me lo demuestra
lo que siento al oír tu voz
lo que siento al besarte...
Estoy seguro de que no lo es
porque finalmente, he muerto de amor.

lunes, julio 31, 2006


Pues bien, mi vida ha sufrido muchos cambios en muy poco tiempo. A tal punto que ya no puedo escribir sobre temas que antes me atraian mucho, y a los que yo trataba de darle algun significado. Mi inspiracion cambió. Por eso, ahora es esto lo que me viene a la mente, y lo que trato de exteriorizar mediante la escritura. Aca si, ya no hay duda de que soy horrible, pero no importa. Escribir es una nesesidad. Yo lo nesesito, y es asi como me sale.





Adoro cada parte de tu cuerpo
y al pensar en vos recuerdo:
tu pelo que vuela al viento
tus ojos que brillan como diamantes
tu boca, tus labios; ¡oh cuanto los deseo!
tus pechos pequeños
tus manos cálidas
tu cintura, tus piernas...
Pero aun te siento lejana
y es por eso que
cual si fuesen gotas de agua,
mis manos se deslisan por todo tu ser
acariciándolo
y tomando para si su esencia.
Gotas frías, heladas,
que van de un lado a otro
te paralizan, te avergüenzan, te asustan.
Congelada me miras
y encontrás en mi eso tan agradable:
son mis labios en los que ves
la llama de la pasión
y solamente con un beso
logro encender tu cuerpo.
Siento miedo
siento que quema
sé que es real...

viernes, junio 02, 2006



En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde hace millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermanos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros estan naciendo para volver a empezar la comedia inútil(...) ¿Todo nuestra vida seria una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?
Ernesto Sabato – El tunel

Q.E.P.D.
Ile 01/01/1986 - 29/05/2006

lunes, mayo 08, 2006



Bueno, como ven, no estuve escribiendo un carajo. Pasa q tube q estudiar para dar IPC, ademas mi cabeza esta en otras cosas. En fin, para no dejar abandonado este blog, voy a seguir reciclando material. Esta vez, un antiguo ensayo, el primero que escribi. Tiene mucha similitud con el que esta en "La señorita Lacard", pero es mas corto y simple, salvando una linda metafora contenida en esas lineas. A por el!


La vida
¿Por que queremos sobrevivir? ¿Por que uno se resiste a la muerte?Por que someternos a tanto sufrimiento, ayuno de alegrias reales, siendo siempre una lucha constante por un sueño inalcansable, acaso inexistente. La naturaleza codifica en nuestros genes una temerosidad a la muerte, pero, al mismo tiempo el hombre es capas de razonar y comprender que este respeto es infundado. La desgracia llega de cualquier forma y sorprende. La alegria es algo por lo que hay que luchar mucho, es un cumulo de tristezas, que llegado un punto se transforman en alegria o en tristeza, más grande aun. De aqui se deduce que nunca la alegria sera equiparada con la tristeza, y por lo tanto la vida es un triste camino hasta que se mira crecer las flores desde abajo.Hay, entonces, que buscar una manera de liberarse. Todos los caminos conducen a la desgracia, menos uno. Es aquel que tampoco nos asegura la felicidad, es algo desconocido por toda persona. Y esa intriga, ese enigma es nos puede tentar a elegir ese camino. En un instante de lucidez uno optaría por esto, aunque los demas piensen que es una locura. Simplemente no lo ven y se sumergen en su vida cotidiana, chata, duradera...vida. El cuerpo es el envase de la conciencia, y cuando este se abre el espiritu se libera. Pero, hacia donde viaja es la pregunta. Y en cierto modo tambien es la respuesta, porque uno emprende aquel viaje de ida para responder esa inquietud.Un breve vuelo podria transladarnos hacia esos parajes. Un pedazo de metal, una bebida, etc.Y en ese instante final, en ese momento en el que no hay nada que perder, cuando no hay que vacilar, cuando se esta solo contra todos, uno ve el mundo por ultima ves y cierra los ojos, y ya no hay pensamientos. Siente un vacio, ya no se mueve. El ruido de la calle se apaga, y se oye el respirar, el latido del corazon, la sangre circulando por las venas. Uno ya esta en el teatro, todos esperan que haga su papel. El publico es paciente, y lo espera, para que usted se reuna con ellos y finalmente se vean las caras. Simplemente hay que mover un dedo para que la funcion sea un exito. Pero usted se hace esperar, con su mente en blanco y los ojos cerrados. Finalmente, aprieta los dientes y...
En la mente hay algo que provoca una chispa, un fallo en todos esos calculos, en esa ciencia, en ese equilibrio. Algo que se pasó por alto, que no fue sumado, y que cambia duramente la situacio. Es ella. Uno no esta solo, y aquel paraiso se encuantra en vida. Es la persona a la que uno ama, es lo que mas valora. Y al pensar en dejarla sola, en este mundo que se derrumba, uno se agarra a la baranda, saca el dedo del gatillo, tira la botella... y se aferra a eso que tiene y que puede contra todo lo demas. Y el publico abuchea, y se rien de usted. Sus caras muestran descontento. Era algo tan facil como mover un dedo. Era algo tan dificil como olvidar un amor...
Max Cohen

domingo, abril 02, 2006


Cartas al pasado
Un nuevo post que comenzará una serie. El propósito de este blog en un principio era este, pero para aclimatar a los lectores puse un cuento que ya tenia escrito. Ahora comienza “Cartas al Pasado”, un diario que un muchacho de 16 años escribe y comparte solamente con una chica, la que fue su novia. A medida que escribo, voy a ir publicando, de manera que no tengo idea por que caminos me van a llevar mis divagaciones, ya que apenas terminé 1 capitulo, aunque la base de la novela está, lo que tengo que hacer es desarrollarla. Espero poder postear cada 4 semanas, en capitulos cortos. De esa manera va a ser mas facil de leer. El lado negativo de esto es que una ves publicados, no voy a poder modificarlos (bah, si puedo) asique los errores que no corrija van a quedar, de modo que no van a tener tanta calidad como el primer cuento, al que luego de terminarlo, a traves de sistematicas correciones, hice poco menos que legible.
Algo que se me ocurio es que ustedes, oh! lectores avezados, pueden colaborar con ideas, una ves que se valla delineando la trama, para enriquecer el argumento y hacer mas atractiva esta producción.

Sin extender mas aun este prefacio, aquí va el primer capitulo



Cartas al Pasado I

Hoy comenzare esta serie de escritos que no harán mas que plasmar mis vivencias cotidianas, en esta aventura que he comenzado. ¿Con qué motivos? No lo sé, pero creo que no puedo vivir sin algo que me impulse a hacerlo. Sintéticamente: un ideal. De manera que me embarco sin destino cierto a una experiencia que seguramente me costara la vida, cosa que no me intimida, sino todo lo contrario, me atrae, me da coraje para podes utilizar mi cuerpo hasta que la muerte traiga la liberación de mi espíritu, de mis pensamientos.
Dejare atrás el pasado, del cual prefiero olvidarme, no por horrible, no por desagradable o traumático, sino para poder centrarme únicamente en el porvenir. Ir al colegio, al club, a casa de mis amigos... todo eso será olvidado por ser predecible, falto de emoción suficiente para saciar mi sed.
Siento que debo hacer algo meditado, planeado, pero a la ves con una gran dosis de adrenalina, de emotividad y quizás de sufrimiento. Quiero concebir el corazón latiéndome, tratando de escapar de mi pecho, quiero que las manos me tiemblen, que los pelos se me ericen, que la vos me falle y se confunda con un simple balbuceo Lo necesito porque el alma no se alimenta con brócoli, sino con este tipo de sensaciones. ¿O acaso podemos vivir tirados en el sillón mirando al techo? La respuesta es que no, a cualquiera la habrá pasado, estar en un domingo, sin nada que hacer. Te sentís extraño, ansioso, te fastidias por cualquier cosa y empezás a dar vueltas pensando que hacer, como si de ello dependiese tu vida. Ahora, esto tampoco significa que hay que hacer bugee jumping, simplemente con leer el diario se soluciona todo, lo que pasa es que yo no puedo leer el diario para matar el tiempo, sigo sintiendo ese vacío, y por eso, tengo que salir a buscar algo mas fuerte, que me comprometa un poco mas.
De manera que nunca mas volveré a esos lugares que fueron 15 años de mi vida. Simplemente los dejare atrás así como los astronautas abandonan la tierra, sin siquiera la opción de interrumpir aquel alejamiento una ves comenzado. Así como ellos, ni siquiera podré mirar por la ventanilla como me alejo, algo quizás gratificante. Si, es mejor, eso evita la nostalgia, hay algo menos que recordar, precisamente el adiós, la despedida.
Querida Julia, vos vas a ser mi confidente en este viaje. Escribiré estas notas y las compartiré solo con vos, que serás mi puente, el único vestigio que quede de mi vida pasada en mi vida presente, así como una herida que nunca cierra, que es señal de un pretérito al que la mente suele acudir en noches melancólicas.
La calle Serrano, algo que no podré olvidar. Me bajé del colectivo y caminé por Serrano, desde Santa fe. Fueron dos cuadras en las que marché como un zombi, sumido en mis pensamientos, porque sabía que esa era la ultima vez que nos veríamos. ¿Que podía decirte, como explicarte lo que iba a hacer? La heladería, el quiosco, los edificios, el perro marrón, la equina, la pizzería, la heladería de enfrente, el lavadero... tu casa. Estuve unos minutos reflexionando frente a tu edificio, a todo eso, el portero me miraba, y cuando estaba a punto de dirigirme la palabra, avance y toqué el 6to A. Y en ese momento, lo sentí. Un frió glacial recorrió mi cuerpo, levante mi mano y la examine como quien mira un fósil: temblaba. Mi cuerpo entero temblaba, a la ves que se estremecía con cada latido, uno mas fuerte que el otro. Una canción dice que el amor es mas fuerte... para mí, la vida lo fue. Dejar mi pasado significaba dejarte a vos, y eso paso por mi cabeza durante muchas noches, en las que definí mi futuro, un futuro en el que vos no estabas. No encontré palabras para decirte lo mucho que te quise, cuanto te estime, cuan feliz fui a tu lado, lo hermosa que eras... que sos. Me encantaba deleitarme con tu belleza, tenerte entre mis brazos, acariciar tu pelo y corresponder tus sonrisas. ¡Cómo pude hacerlo!
Ni bien nos alejamos no pude ocultar la tristeza del adiós, los ojos se me humedecieron, mis mejillas se poblaron de lagrimas, dulces y delicadas, que me acariciaron al igual que lo hacían tus manos, de arriba hacia abajo hasta el cuello, sin vacilar y en silencio. Gire la cabeza y te vi –supe que por ultima vez- esperando el ascensor. Apreté los dientes y en vos muy baja dije: perdón Julia.

miércoles, marzo 15, 2006


Primer post, un cuento que escribi hace un año +-. Cuando vuelvo a leer cosas que escribi me estremezco y digo: “yo escribi esta basura??”. Es natural, dado que uno esta sometido a un aprendizaje constante (mas a esta edad, aunque todos sabemos que el diablo mas sabe por viejo q por diablo), el que uno no advierte de una manera cotidiana, pero si por ejemplo en este caso.
Nunca lo termine, en el sentido de que esta muy verde, no es que no tiene final. A ver q les parece...




La señorita Lacard (dedicado a Carla)


I
Facundo en una tarde de verano. Tirado en su cama y rodeado de un pequeño universo comprendido por objetos sin valor ni utilidad, ropa sucia y sus apuntes del colegio desperdigados por todos lados. La música sonaba en su cuarto como era costumbre y esta lo acompañaba en esos largos estados en los que indagaba acerca de la vida y del mundo que lo rodeaba. Su mirada se perdía en alguna grieta del techo o simplemente sus ojos se cerraban para dar comienzo a un viaje fantástico a trabes de recuerdos y anhelos, de verdades inexorables y de posibilidades futuras. Sin embargo, un asunto en particular lo mantenía ocupado por ese entonces. Era Sofía Lacard, una compañera del colegio. Facundo la conoció en primer año, cuando entró a ese establecimiento.
A pesar de que habían pasado un año juntos en la misma división, él no se había interesado en Sofía. Más aun, nadie estaba al tanto de la vida de esa chica porque era muy introvertida. En primer año se sentaba sola en el ultimo banco de la fila del medio. Su soledad no cambió en segundo año, pero paso a ubicarse en un banco al lado de la ventana que daba a la calle. Sus compañeros la miraban en los recreos, cuando ella contemplaba los árboles de la calle, llenos de verdor y luminosidad en verano. Parecía abstraída y nadie sabia lo que pensaba en esos momentos. Ponía su mano derecha en su mejilla y en un gesto pensativo pasaba así todo el día. Se hacían las más estúpidas suposiciones de su intimidad y se comentaban todo tipo de cosas, que ella no desmentía ni afirmaba. Las demás chicas del curso se burlaban al comienzo, pero como vieron que Sofía no era tocada por sus insultos, desistieron.
Así fue como esta intrigante persona pasó a formar parte del mobiliario escolar y nadie volvió a prestarle mucha atención.
Entonces ¿Por qué a Facundo lo asechaba esa imagen? Él no sabía la respuesta. No conocía mucho acerca de ella, habían hablado unas pocas veces y apenas recordaba su apellido, por lo que trato de no prestarle atención.

II
Comenzó la semana y el despertador a las inexactas 6:30 horas. Facundo se levanto de mala gana, fue al baño y se lavó la cara poblada de lagañas, desayuno té con obleas, agarró la mochila y salió a la calle. Caminando hacia la parada del colectivo vio un árbol que era movido por la brisa matutina, notó sus hojas, tocadas por los rayos del sol que asomaba entre los edificios de su barrio, e inmediatamente pensó en Sofía. Pensó que ese día ella iba a estar en su banco mirando a través del cristal un exterior que le era ajeno durante las horas de clases. Ya en el ómnibus se le ocurrió sentarse con ella para averiguar porque tenia esos pensamientos.

_Che ¿a donde vas?-pregunto Sebastián, su compañero de banco.
_Me voy a sentar con Sofi –respondió con una sonrisa
_Dale, no jodas y vení para acá.
_Ya te dije que me voy a sentar con la señorita Lacard –le indicó con una sonrisa aun mayor.
_Hace lo que quieras –replico sin interés Sebastián.

Así Facu –como le decían sus amigos- se acercó al banco de su compañera y le pregunto: “¿Te molesta si me siento con vos?” Ella respondió con un movimiento de hombros, sin darle importancia a las palabras que había escuchado. Voy a tomar eso como un no – dijo Facu con vos dulce y risueña, tratando de quitarle una sonrisa a la chica. No contestó-.
La mañana pasó, los profesores dieron sus clases y lo único que hizo Facundo fue esperar una palabra de Sofía, tan solo una. Toda la mañana permaneció callada y cuando el sol alcanzó su ponto más alto en el firmamento, así como llegó, se fue: sola. Al salir del colegio los compañeros le preguntaron a Facu si se había vuelto loco, lo cargaron y de paso le dieron unos coscorrones. Él se los sacó de encima y se fue preocupado por lo que había hecho y además porque ahora Sofía estaba más presente que nunca en sus pensamientos.
Durante toda la semana se repitió esa situación, pero en Sofía no se notaba ningún cambio. Para ella era lo mismo estar sola que tener a alguien al lado. Simplemente no se interesaba en su entorno ni en la vida de los demás.
El viernes hizo su aparición, y al igual que los demás días, Facundo se sentó junto al objeto de sus pensamientos.
Estuvo muy atento en las primeras horas porque la profesora de física estaba explicando un tema muy complicado de sistemas hidráulicos. Mientras tomaba apunte, deslizó la mirada hacia la hoja de su compañera y noto algo que lo perturbo muchísimo. En la muñeca izquierda ella tenía una cicatriz. De inmediato pensó que había tratado de suicidarse. La miró a los ojos por unos segundos, intentando descifrar los pensamientos que la atormentaban. Su cara no mostraba ninguna estado de animo, no transmitía absolutamente ninguna sensación. Era como un cofre pirata hundido en el fondo del océano, esperando ser descubierto para mostrar todos sus tesoros.
Facundo aguardó que salieran del colegio para conversar. Cuando la vio, se precipito hacia Sofía, la tomo de la mano y le dijo solemnemente: “Tenemos que hablar”. Sin agregar más, fueron caminando hasta un parque cercano en el que encontraron un banco y se sentaron.
Sofía no había dicho una sola palabra y en ningún momento se opuso. Ya en reposo, Facundo volvió a mirarla y no pudo evitar sonrojarse porque estaba examinando a una persona hermosa. Sus ojos brillaban turbiamente, sus labios eran una delgada línea en su rostro de tez pálida y su pelo negro caía naturalmente sobre sus hombros. Estaba tan maravillado por la belleza de la chica, que cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se sonrojo aun más y disimuló aquella inspección. Rápidamente simuló admirar la estatua de Ártemis que tenían enfrente, pero no pudo, porque seguía pensando en Sofía.
Continuaban tomados de la mano, sentados, explorando el paisaje que el jardín les presentaba. Pastos totalmente verdes, arbustos y enredaderas que crecían en base a caprichosos diseños, árboles que cubrían el cielo con sus copas y sus flores, caminos sin fin forrados de pequeñas piedras rojizas y frente a ellos, la imagen de Ártemis. Así estuvieron durante un largo rato, sin decirse una palabra, hasta que finalmente Sofía quebró el silencio reinante.
_Tengo que irme
De inmediato, se paró, soltó la mano del joven y comenzó desandar el camino que juntos habían recorrido. Facundo vio como ella se alejaba hasta que la perdió de vista. Su mirada volvió a nublarse y quedo sentado en el banco, indagando lo ocurrido. La noche lo sorprendió todavía en el parque y volviendo en si decidió caminar hasta su casa para aquietar su mente.

III
Sábado. Facundo no podía conciliar en sueño. No lograba determinar lo que había pasado esa tarde ¿qué buscaba esa chica, por que se fue de esa manera o por que no le había dicho nada en toda la semana? De todas maneras lo que más le preocupaba era aquel corte que tenia en la muñeca ¿Acaso realmente habría querido suicidarse o era simplemente una lastimadura casual? Él no estaba seguro, aunque podía recordar su rostro, su mirada fría y desahuciada, pero por sobre todo, la forma en la que Sofía percibía el mundo. Era como si ella conociese su futuro y estuviese resignada a aceptarlo. A aceptar un final caótico y apocalíptico, sin posibilidad de encontrar la felicidad en el universo entero.
Habiendo indagado profundamente determinó que la herida no era una casualidad. Definitivamente no lo era. De modo que imagino toda clase de motivos por los que una chica de 15 años querría quitarse la vida. Esa noche, Facundo terminó durmiéndose a las seis de la mañana, exhausto y abrumado.
El domingo, la figura de su compañera volvió a surgir durante todo el día, más profundamente en la noche, donde se añadió otra complicación: a la mañana siguiente ellos volverían a verse. Echa esta determinación, Facundo deseó más que nada en su vida que esas veinticuatro horas pasasen rápido.

IV
Lunes otra ves. Facundo no pudo dormir en toda la noche, de modo que decidió salir muy temprano de su casa e ir caminando hasta el colegio, que quedaba a cuarenta cuadras. Todavía era de noche y la ciudad estaba desierta. Por esas horas se escuchaba el canto de los pájaros, invisibles detrás del follaje de los árboles citadinos.
Habiendo hecho la mitad del recorrido, noto que llegaría antes de que las puertas del colegio abriesen así que entró en una bar para esperar la hora de entrada.
Tomó asiento en la barra y pidió un café doble con medialunas. Bebió el café de tres sorbos y luego comió las facturas. Miró el reloj: faltaba una hora para que sonara el timbre de entrada.
Una rara sensación lo invadió. Creyó haber tomado una taza de somnífero y no de café. Sus ojos, lentamente se nublaron e instintivamente apoyo la cabeza sobre el mostrador donde quedó dormido.
Al despertarse sintió la cara hinchada y el brazo derecho adormecido. Se refregó los ojos, levantó la vista y vio que eran las ocho menos cuarto. Terminó de incorporarse y, desperezándose, salió del local y completó la caminata hasta el colegio.
Al entrar al aula notó que nadie había llegado. Se dirigió al banco de Sofía y lo inspeccionó detenidamente. No encontró nada en particular, el pupitre estaba completamente limpio. Luego reflexionó y dedujo algo lógico. Ella no expresaba absolutamente nada acerca de su personalidad ni sus sentimientos. Fue un paso más allá y busco alguna pertenencia abajo del banco. Nada.
Realizó una vista panorámica del aula y al dar media vuelta la cara de Sofía estaba a diez centímetros de la suya. Dio un salto hacia atrás y para no perder el equilibrio se sujetó del escritorio. Sus piernas temblaban y su expresión de miedo era comparable con la de alguien a punto de ser fusilado. Sintió que caía desde una torre infinitamente alta, invadido por el vértigo y las ganas de gritar hasta quedar sin aliento.
El tiempo se detuvo, el silencio fue absoluto y las paredes se vinieron abajo. Sofía mantuvo su inexpresividad, de tal modo que su cara se derritió y se transformó en una película de piel, carente de órganos. En ese estado continuó mirando a Facundo, como si de algún modo disfrutase la grotesca escena. Los dos entraron en un universo paralelo donde la cuarta dimensión no existía. Así, pasaron pocos segundos en nuestra realidad, pero nadie sabe cuanto tiempo en aquella parte del cosmos.
Pero como si nada hubiese ocurrido, las paredes se levantaron, el rostro de Sofía volvió a la normalidad y Facundo sintió la mano de la joven acariciándole la mejilla.
_Me gustó mucho lo que hicimos el viernes.
Aun confundido, el chico no supo que responder. Las primeras palabras que moduló fueron incomprensibles. Intentó nuevamente y pudo manifestar con otra pregunta: “¿Qué haces acá?
_No es algo que importe. Quería hacerte una broma.
_Me asustaste muchísimo, no te esperaba.
_Ese es el punto, que no me esperabas.
_Bueno, no fue muy gracioso te digo. Además vos no podes hacer bromas, apenas y hablas.
_Tenés razón, estaba por apuñalarte pero me descubriste, así que invente esto de la broma.
_¡Che, basta! ¿Queres decirme porque hiciste esto?
Facundo seguía nervioso y no comprendía la situación.
_Me gusta asustar a la gente. La mayoría cree que una persona tímida es como un árbol, que no siente ni piensa, ni tiene ideas. Eso es una estupidez –dijo ofuscada-. De todas maneras sé que no todos son así -y en ese momento miró a Facundo-. Acaso no te parecen maravillosos los árboles, como los que están ahí afuera- y le señaló con la mano izquierda la ventana-.
Facu no pudo ignorar el gesto, pero no reparó en los árboles, sino en la muñeca de Sofía.
_Decime ¿Qué te paso en la muñeca?
_¿Que, lo decís por la herida? Me corté lavando los platos.
_A sí, yo soy el Papa.
_¿No me crees? ¿Pensaste que me quise suicidar? –replicó sin reflexionar.
El muchacho miró al piso avergonzado por la idea y en vos baja y frágil respondió que si. La chica se sorprendió y comenzó a cavilar-.
_No voy a negar que tuve esas ideas. Es más ¿Quien no las tiene? Es algo incluido en la naturaleza, propio del ser humano – su voz sonó seria y reflexiva-.
Sofía se detuvo y mirando los árboles le preguntó: “¿Conoces a Max Cohen?”
_No. Bah, no sé. Me suena.
_Es escritor –le aclaró Sofía.
_Si, puede ser. Creo que tengo un libro suyo. ¿Por que me lo preguntas?
_Él escribió un ensayo sobre... esto. Se llama “El escape divino”. Si lo encontrás leelo, a mí me gustó mucho.
_Ok, lo voy a tener en cuenta.
En ese momento sonó el timbre del colegio y sus compañeros comenzaron a entrar al salón.
Durante la mañana Facundo notó que Sofía conversaba con él de manera natural y alegre. Era como si otra persona estuviese sentada a su lado. Fue un cambio repentino, pero Facu le restó importancia, y de muy buen talante habló con Sofía durante toda la mañana.



El escape divino


La existencia, la vida. Es simplemente una cuestión genética.
La conciencia. Simplemente una cuestión genética.
Irremediablemente en cierto punto uno se hace una pregunta vital. Los genes dan una respuesta pero esta choca con la del pensamiento. Vivimos buscando la felicidad, que cada tanto encontramos y es eso lo que nos mantiene en la vía.
O acaso uno no esta rodeado de un mundo hostil, plagado de sufrimientos, de tristeza, de injusticia. Vasta abrir los ojos para comprobarlo. Ante la facilidad de caer en desgracia no hacemos otra cosa mas que buscar una sonrisa, aunque sea pasajera y superficial. La auténtica felicidad, la que cambia nuestra percepción de la realidad, la que representa la verdad de la vida se esconde en algún rincón del mundo.
No es algo material, no es un lugar, ni tampoco un lapso de tiempo. Ese algo es una persona, la que buscamos todos los días, incansablemente. Encontrar ese individuo que camina por las calles de Buenos Aires con el alma a la mitad y que encaja exactamente con la nuestra; eso se llama felicidad.
Esa es la vida. Todo lo demás se desprende de esa necesidad. Uno estudia, trabaja, aprende a tocar la guitarra, con el único propósito de encontrar esa persona. Toda actividad es una extensión de esa búsqueda tan placentera llamada vida.
Si la indagación no tiene fin uno piensa en abandonarla. Escapar de la realidad es una manera sencilla pero no es la verdadera solución. La única manera de terminar el sufrimiento es dándole vacaciones al corazón.
En ese instante terrible en el que se ha tocado fondo todo parece fácil. Nacemos solos, vivimos solos y morimos solos. Viajamos en un túnel transparente, desde donde observamos a los demás, pero dos túneles nunca se cruzan: corren paralelos infinitamente aunque solo un centímetro los separe.
Escapar del túnel significa morir, renunciar a los placeres y las desgracias que encierra. Significa viajar sin destino seguro dentro de un vació infinito, comparable al mismo universo pero desolado.
Internarnos en la nada nos asegura la misma búsqueda constante, pero con la posibilidad de encontrar verdaderamente aquella persona.
Mucho se habla de la muerte, pero son todas suposiciones. No hay manera de revertir aquel camino. Es un cambio de estado, de lo físico y real a lo majestuoso y etéreo. De allí no hay manera de regresar y ese es el temor.
Los actos irreversibles dan miedo porque habiendo cometido un error uno tendrá que convivir con ello por siempre. La clave del suicidio esta en creer que es lo mejor, lo correcto. De esa manera el sacrificio seria feliz.
Sin embargo, uno no busca esa verdad, sino que en determinado punto llega sola. En ciertas oportunidades el suicidio seria lo correcto, ineludible.
Quemarse sin la orden divina sería un desliz. Hasta que esta no llegue se debe seguir, no importa cuan grande sea la ola que quiera hundir nuestro barco. Renunciar a esa pelea seria una cobardía. Vivir es un acto egoísta que todos disfrutamos, y así debe ser.
Vivir o morir no es lo importante. Lo que vale son las huellas que tu sombra ha de dejar en el camino.

Max Cohen.



V
A pesar de su aparente felicidad, su carisma y su buen humor diario, Facundo se sentía hastiado, la felicidad no le pertenecía. Odiaba a sus padres, principalmente a su madre. Odiaba a la sociedad y al mundo que lo rodeaba. Los aborrecía.
Consideraba a la tierra como un tacho de residuos y la población, los gusanos que allí viven. Cada tanto, dios tira sus restos de comida y los gusanos deben pelearse y hacer cualquier cosa para conseguir su porción de basura. ¡Basura, nada mas! Los manjares y delicias son imposibles de alcanzar para las sanguijuelas, o mejor dicho, para los seres humanos.
Quería terminar con todo eso, con su sufrimiento, con su infortunio y con su odio hacia los demás.

El sol asomó en el horizonte pero poco a poco la mañana se fue nublando y la resplandeciente estrella no volvió a aparecer en todo el día. El otoño había llegado. Las hojas comenzaron a secarse, los días se acortaron y la temperatura descendió sensiblemente. Ese martes, al salir del colegio Facundo le propuso a Sofi ir al parque. Ella aceptó.
Al llegar, fueron directamente al banco frente a la estatua de Ártemis y se sentaron. El cielo no estaba azul como aquella vez, sino que grandes nubarrones obscuros lo cubrían, formando una película grisácea uniforme. La lluvia era inminente.
_Hoy no es un lindo día, esta por llover –dijo Sofía mirando el cielo y moviendo la cabeza de un lado a otro.
_Quiero hablarte de algo... la muerte, el suicidio –expresó detenidamente-. Me di cuenta de que mi vida está totalmente vacía, no soy nada. No tengo más que problemas y lo único que encuentro a cada paso es un futuro negro sin sentido.
Los ojos del muchacho se habían perdido entre los matorrales del parque. Su vos se mostraba sincera y sus pensamientos ordenados. Luego de una pausa continuó: “¿Vos no pasaste por algo similar? ¿No me dijiste que pensaste en esta idea? ¡La vida es una mierda, estoy cansado de sufrir!” En ese momento la vehemencia lo poseyó y decidió contenerse. Se llevó ambas manos a la cabeza y clavó su mirada en el suelo. “A nadie le gusta sufrir”. Esta ves su vos sonó frágil, invadida por la ira y los nervios. “Quiero ahorrarme ese dolor”.
Pasó un minuto de entero silencio. Facundo seguía mirando el pasto verde. Sofía estaba sentada a su lado, meditabunda. En ningún momento miró a Facu pero lo escuchó muy atentamente.
_¡No podes decir algo! ¡Por que te quedas callada y ni siquiera me miras! –Ahora la furia era canalizada a trabes de Sofía. Ella, sin intención de satisfacer a Facundo, le preguntó: “¿Qué pensas hacer?”
_No sé. No sé.
_¿Leíste “El escape divino”? –preguntó la chica.
_No, ni lo busque. Para que querés que lo lea.
_¿Acaso crees que la vida no tiene momentos felices? Estas seg...
_ No soy capaz de contarte algo bueno que me halla pasado en los últimos 3 meses –interrumpió Facundo empecinado-.
_Yo si puedo decirte.
Ambos alzaron la cabeza en un acto sincronizado. Sofía rodeó a Facundo entre sus brazos y lo besó dulcemente. El muchacho correspondió las caricias y la abrazó a punto de llorar.
_ Sofi, yo soy una basura. Perdoname.
De inmediato se levantó y salió corriendo. La lluvia, comenzó a caer.

VI

A trabes de la claraboya se veía un árbol, sus hojas verdes y su continuo vaivén, contrastando con el azul del cielo. Desde el árbol, se lo veía a Facundo.
Y el corte.
Su sangre corrió hasta la rejilla y por las cloacas se fueron sus inocentes 16, junto con la basura y miles de gusanos, alimentados por la basura de los gusanos, alimentados por dios.
Inaugurando blog! Bueno, la cosa es asi: digamos q soy aficionado a la escritura, lo hago en mi tiempo libre, asiq lo que pretendo hacer es publicar mis escritos o simplemente comentarios que quiera expresar a traves de este medio. Lógicamente el lector no debe esperar mas que errores de sintaxis, ideas mal expresadas y generalmente robadas :-). De todas maneras, el pensamiento funciona de esa manera, uno incorpora ciertos conocimientos los cuales inconcientemente son mesclasdos formando una idea propia del mundo. De modo que no se puede esperar de mi una idea innovadora o una teoria para revolucionar el mundo, en principio porque a esos pensamientos uno debe agregarle su toque personal, lo que se consigue simplemente con talento, el que yo no poseo.
Pues bien, no hace falta agregar mas nada, esto era simplemente un disclaimer. Espero que alguien se sienta identificado o por lo menos disfrute de este Blog.